Adrián Viudes – Taekwondo gramatical

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Hace dos mil años los coreanos inventaron una disciplina deportiva en la que se utilizaban pies, manos y puños el TAEKWON-DO. Tae, patada en coreano, kwon puños y brazos y Do noción filosófica “Camino a la perfección”, así se llama esta forma de lucha. Un general coreano lo modernizó e hizo su enseñanza obligatoria para los soldados. Fue presentado como deporte olímpico en Seul y consagrado en los juegos de Sidney. España ha destacado en esta modalidad deportiva obteniendo en los juegos olímpicos de Barcelona una medalla de oro y posteriormente varias de plata y bronce. Sabemos, por tanto, que desde hace dos mil años nuestros semejantes se entretenían dando patadas al adversario. Frontales, circulares, laterales, de gancho y hacia atrás, más unas cuantas derivadas, son de las que se valen los contendientes para vencer al adversario.

Desde los tiempos de Adan y Eva hombre y mujer se han distinguido sobremanera sin que por ello, hasta tiempos recientes, hayamos tenido problema alguno. Diferentes en todo, iguales en derechos y obligaciones, así deben ser hombres y mujeres.

En ese plausible empeño igualitario algunas exaltadas feministas, seguramente llenas de buenas intenciones, han dado por pervertir nuestra antigua y rica lengua utilizando unos términos que en muchos casos más que ayudar a la causa de la igualdad producen rubor y descalifican a las que, desconociendo lo que está mandado en cuanto a empleo de género por aquellos que bien saben, patean la gramática, ellas son las taekwondistas gramaticales.

Presidente y presidenta; juez y jueza, diputado y diputada, alcalde y alcaldesa, concejal y concejala, son palabras cuyo uso en femenino o masculino diferencian el sexo del sujeto sin que se tenga que patear nuestro idioma.

Palabras como: manicura, futbolista, periodista, taxista, policía, camelista, funambulista, ciclista, socialista, comunista, sereno, alguacil, cartero, sujeto, y un sinfín más de palabras acabadas en a o en o, no admiten el cambio de la ultima vocal para diferenciar el género, obligando, cuando de distinguir se trata, a añadir el artículo un o una.

Las modernas taekwondistas gramaticales patean de frente a nuestro idioma cuando usan las palabras: jóvenas, miembras, vocalas, portavozas; esos porrazos al lenguaje son utilizados tontamente en la creencia de que así se contribuye a la lucha por la igualdad. Son estas ridículas manipulaciones de la gramática las que debemos denunciar, aun a resultas de ser tachados, sin piedad, de machistas, homófobos, e incluso fascistas intolerantes. Quisiera que esas feministas pateadoras no se tomaran a mal mi crítica, nada más lejos de mi ánimo que entristecerlas, porque dicen que Dios cuenta las lágrimas de las mujeres y les hará pagar a aquellos que las hagan llorar.

De tiempo en tiempo, y ante alguna duda, conviene consultar el diccionario de la RAE de tan cómodo manejo desde internet. Hace unos días quería yo saber si el término sinvergüenza se podía utilizar indistintamente para referirnos a ellos o a ellas y, tras la correspondiente consulta di en conocer que, para poder distinguir el sexo del sujeto de referencia, el diccionario dicta anteponer el articulo un o una; en cambio, ¡oh sorpresa! si, por lo que fuera, decidimos aumentar la significación del adjetivo haciéndolo más rotundo, más incisivo deberemos utilizar sinvergonzón o sinvergonzona.

En los sillones de la Real Academia de la Lengua se han sentado y se sientan reputados miembros, masculinos y femeninos, que trabajan para fijar y dar esplendor a nuestra hermosa lengua. No creo que doña Carmen Conde, la primera academica, o doña Paz Battaner la ultima mujer en sentarse, hubieran permitido que las llamaran “miembras”. Cervantes, Quevedo, Baroja, Pla, Azorín Ortega y un sinfín de preclaros escribidores jamás se les hubiera pasado por la cabeza utilizar en sus escritos “palabros” como: “miembras”, “jóvenas” o “portavozas”, y no creo que nadie se atreva a tildarlos de “machirulos”.

A estas taekwondistas gramaticales, practicantes de la patada al idioma, les aconsejaría una toma de contacto con Coral Bistuer, una de las más famosas taekwondistas, medalla de oro en las Olimpiadas de Barcelona, les enseñaría como utilizar los pies, las manos y los brazos con eficacia, elegancia y precisión, a la vez que las introduciría en el “Camino de la perfección” en el DO.