Actualidad de la resistencia comunera

La revuelta comunera de 1519 a 1522 ha sido considerada por algunos historiadores como la primera revolución moderna. Hay un buen número de investigadores que han narrado el origen y desarrollo geográfico como movimiento urbano, que surge en Toledo y en otras ciudades de la meseta castellana. Algunas como Segovia y Ávila, Medina del Campo y Tordesillas tuvieron mayor protagonismo. Abundan menos los estudios sobre la evolución interna de las ideas políticas que nacieron y se desarrollaron gracias a algunos letrados comuneros e intelectuales afines al movimiento. Para quien le mueve una afición tardía, resulta apasionante conocer este capítulo de nuestra historia y de tantos otros que narran hechos pasados, que enriquecen el gran patrimonio cultural heredado. Incluso, es obligado -cabe afirmar- conocer mejor a los protagonistas, para los que crecimos a la vera de Juan Bravo y frecuentamos la plaza de Medina del Campo. Afortunadamente, hace unos días estas mismas páginas recogieron una documentada entrevista a J. González-Herrero, autor del libro “Ley Perpetua. Fundamentos de una utopía” (El Adelantado 19/11/23). Una sorpresa para la gente del común, entre los que me encuentro. En mi caso, se trata del descubrimiento de una faceta escondida de esta historia tan singular y sorprendente. Es bien conocida la parte beligerante y heroica de los comuneros resistiendo al poder extranjero, pero desconocida salvo para investigadores el pensamiento político y jurídico recogido en un código que puede calificarse de pre-constitucional. Sorprende que quienes se levantaran en armas por reclamar derechos que veían menguados por la imposición de los consejeros flamencos de un rey educado en Flandes que desconocía el habla del Reino , aunque fuese hijo de la reina Juana I de Castilla.

De las luchas comuneras contra el poder regio que atropellaba las leyes y deponía oficios y cargos, se suele destacar la reacción solidaria de las ciudades que se levantaron resistiendo la supresión de derechos y libertades. Pero es muy poco conocida la aportación intelectual en el terreno jurídico. Lo cual manifiesta que aquella revuelta fue algo más que una protesta local y que se convirtió en un deseo mayor (una utopía) que buscaba el bien común de todo el reino.

Es evidente que el movimiento comunero alcanzó a un buen número de intelectuales. Sobre los integrantes del movimiento comunero, los procuradores de Valladolid en la Junta, escriben: “una tan grand congregación donde ay tantos e tan grandes latrados asy juristas como teólogos y tantos caballeros y tan honrradas personas otras y tan sabias”. El texto jurídico que concibieron de carácter constitucional, en los primeros años del siglo XVI, se adelanta en el tiempo a los códigos de otros países, como Inglaterra. El pensamiento político de los comuneros tiene sus raíces muy antiguas que datan de siglos anteriores. Leyendo la “Ley Perpetua” redactada en Ávila o los textos de Martin Muñoz de las Posadas, descubrimos el profundo sentido democrático de aquella sociedad, a pesar de qué debían trascurrir al menos cuatro siglos para llegar al pleno sentido de la palabra democrático. Algunos historiadores notables como J. A. Maravall publicó en 1963 con el título “Las Comunidades de Castilla” (Una primera revolución moderna). Allí se desarrolla el pensamiento jurídico y se comprueba la fuerza social que animaba cuando se trataba de resistir la injusticia. Venía de muy lejos, del siglo XI, y seguía en vigor en la conciencia de la gente, el dicho “nadie es más que nadie”. Existe la convicción del “derecho de resistencia” basado en la Ley de las Partidas de Alfonso X, del siglo XIII. Los Comuneros no exigen sólo del poder regio derechos concretos en beneficio de todas las ciudades, sino que pretenden hacer participes de esos derechos a todo el Reino y lo codificaron en lo que llamaron la Ley Perpetua. Allí, se estipulan los deberes del monarca, para el bien de todo el Reino. Por tanto, esta perspectiva amplía mucho más la meta de los comuneros y asienta en la historia un antiguo precedente de constitucionalismo; de voluntad de actuar libremente y en sintonía con los demás ciudadanos. Las mismas palabras: “ciudadanos” y “democracia” no conservan el antiguo significado. Sin embargo, hunde su raíz en aquella organización política y en los derechos individuales de una sociedad formada por personas libres e iguales en derechos, que cumplen la ley y resisten legítimamente toda forma de injusticia. Especialmente, subrayan el derecho, incluso el deber de deponer al tirano, cuando amenaza gravemente el bien de la comunidad. En definitiva, hoy como ayer, las reivindicaciones ciudadanas son expresión de la dignidad personal y de la lucha por la libertad, frente a la imposición despótica de un poder sin ley.