45 Años de un vuelo histórico

Eran las cinco y media de la madrugada del 14 de junio de 1978 cuando desde el aeropuerto de Barajas despegaba el DC-8-52 de la ya desaparecida compañía Aviaco. Nombre del avión, ‘Pintor Sorolla’, que iniciaba un viaje que iba a ser histórico, pues sería al primer avión español que aterrizaría en Pekín, capital de la República Popular de China. Y también la primera visita al país comunista de unos monarcas, precisamente los Reyes de España, Don Juan Carlos I y Doña Sofía. Ellos viajaban una hora después en otro DC de Iberia, el ‘Alonso Cano’, con el fin de que el centenar de periodistas que iba en el ‘Sorolla’ tuviera tiempo para tomar posiciones, sobre todo los fotógrafos, y posteriormente dar testimonio escrito y gráfico de la llegada de los monarcas. Fue, pues, un vuelo que hizo historia.

En Aviaco viajábamos un centenar de profesionales del periodismo, directores, redactores y fotógrafos de los diarios, revistas y emisoras de radio, aparte de un numeroso grupo de Televisión Española. El viaje estuvo plagado de anécdotas de todo tipo. Y la primera etapa fue Teherán, capital de Irán, donde el Sha y su mujer Farah Diva, dedicaron un espléndido recibimiento a los Reyes. Sus atenciones también llegaron a todos nosotros mediante presencia en conferencias y recepciones y en el homenaje ante el enorme monumento a Ciro.

El viernes 16 de junio, llegada al aeropuerto de Pekín. Apoteósico recibimiento con cuatro mil escolares portando banderas y girasoles, mientras sonaba bastante bien nuestro himno nacional. Imposible describir el resto del programa, cargado de actos oficiales, visitas a palacios y pagodas, bajo un sol fuerte en todo momento. La primera visita, al mausoleo de Mao Tse Tung, fundador del Partido Comunista Chino y de la República Popular China.

Los informadores fuimos transportados en diversos autobuses, con guías chinos hablando un español bastante aceptable. Por supuesto, identificaciones personales por todas partes y con un perfecto orden para el alojamiento en los hoteles, facilitando la lista de todos los periodistas y sus medios con el nombre español y en chino. Recepciones, espectáculos artísticos…

Y el recorrido por las famosísima Gran Muralla, inolvidable, con un Rey en plena fortaleza física y la anécdota de Doña Sofía en una peligrosa caída, afortunadamente sin consecuencias.

El lunes 19, vuelo hacia Hangchow. Los Reyes tienen que cambiar a un avión chino, y lo mismo nosotros. Otro apretadísimo programa de visitas y recepciones y de nuevo al avión para continuar viaje a Shangai, donde había que protagonizar otro apretado programa, porque el jueves 22 había que enfrentarse, ya en el avión, a otro largo recorrido hasta Bagdad, con el consiguiente lío de horarios nuestros y locales. Otra vez apretada serie de actos y visitas, y conversaciones de los Reyes con el presidente de la República de Irak, y sin faltar la recepción de D. Juan Carlos y Doña Sofía a la colonia española e informadores en nuestra embajada (ya con comida española, con las tortillas de patatas devoradas en unos instantes). La estancia en Bagdad tuvo también el aliciente de una visita, que realizamos un buen grupo de los periodistas, a la ruinas de la histórica Babilonia, fundada por Nabucodonosor, con unos pocos de sus monumentos restaurados entonces.

Ultimas advertencias de la tripulación: No compréis más –sobre todo alfombras- porque vamos a sobrepasar la carga autorizada y podemos tener dificultades para despegar. Al final, no hay problemas, aunque en el camino se perdió alguna maleta.

Resumen de un vuelo realmente histórico, especialmente para los que tuvimos la fortuna de poder disfrutarle: Duración, diez días; siete vuelos y 25.000 kilómetros.

En el regreso, la emoción de la cercanía: Abajo, Sicilia, luego Mallorca y Menorca, la costa levantina y…finalmente, Barajas. Apertura de algunas maletas, todas sobrecargadas, y la contemplación del helicóptero en el que los Reyes, que ahora se anticiparon a nosotros, regresaban a palacio.

Y como final… cada mochuelo a su olivo con la emoción del feliz regreso bien patente.