Sin calendario

Tras despedir al incalificable 2020 hemos entrado en el nuevo año con mucho optimismo y ganas pero también con ciertas reservas, con incertidumbre contenida, ilusionados y esperanzados con la distribución de las incipientes vacunas y vacilantes sobre su efectividad.

Comenzamos otro incierto calendario en el que las fechas ya nos dan igual. Los aniversarios, los cumpleaños, las fiestas, los de guardar, los fines de semana, descontando los meses, las vacaciones, los planes, los viajes, las reuniones con amigos, y congregarse en torno a una mesa con cualquier excusa, mezclarse con otros en un lugar público, todo sigue a la espera, sin determinar. Una agenda fantasma, la de este 2021, con la que preferimos mostrarnos cautos y conformistas, yendo sobre la marcha, donde todo está pendiente o sujeto a que podamos ver la luz al final del túnel.

Paradójicamente hemos ido aplazando la vida para protegerla, evitando así que el virus nos dicte la sentencia antes de tiempo. Hace meses que abandonamos el reloj en un cajón, pero no la conciencia ni la paciencia que siguen siendo nuestras más leales compañeras, cuando como legionarios se combate la tormenta, sorteando las olas de pandemia que parecen no tener fin.

Y en el empeño de que este año sea distinto, seguimos con aplazamientos y prórrogas de confinamiento, mientras, el planeta respira y nos presenta a Filomena después de más de cinco décadas sin verla, disfrutando al menos de que si algo hemos ganado es percatarnos de lo que habíamos perdido.