“Segodeus Aquaeductis Artifex”,…

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Manuel Fernández Fernández“Segodeus Aquaeductis Artifex”, lo que no me gusta es el título, ni la intolerante postura del Gobierno municipal

En anteriores colaboraciones he manifestado mi opinión acerca de la instalación de una estatuilla del diablo alusivo a la leyenda de su fracasado plan de construir un monumental puente que aportara agua a una doncella que, harta del esfuerzo que suponía su diario acarreo hasta la casa donde servía, decidió entregarle su alma a cambio de que le evitase la dura tarea, pero con la condición de construirlo en una sola noche. Me asombra la cantidad de opiniones, la mayor parte, negativas al proyecto, tanto que hasta se han recogido miles de firmas y se han entablado recursos oponiéndose por considerarlo adoración al mefistofélico personaje, tanto que me había hecho propósito de no escribir más sobre el tema, pero prefiero llamar al pan pan y opinar al respecto, esperando que este diablillo de mentirijillas no enrede, acabe en solución cordial.

He reiterado mi creencia de que al referirse a la leyenda de la diabólica construcción de la Puente Romana, que nadie considera veraz, como tampoco su levantamiento por el héroe o semidiós, hijo de dios y mortal, Hércules Egipcio, que en tiempos, antes que el San Sebastián patrono de los monederos, tuvo asiento en la cartela opuesta a la que dando cara al Azoguejo ocupa la Vírgen de discutible y discutida advocación, que nadie lo niega como obra de Roma, por lo que la instalación del broncíneo diablillo no va a pasar de travieso guiño a la simpática leyenda.

Tal vez peque yo de ingenuo, y quienes lo ven como veneración al “Segodeus” tengan otras informaciones o sospechas que desconozco, pero mientras no conozca otras razones, como aquel personaje humorista de la radio Felipito Tácatum, o Joe Rígoli, “yo sigo”…

Por lo tanto no voy hoy a reiterar, desde mi punto de vista de católico practicante, que para nada me preocupa que se instale esta estatuilla, que no considero objeto de devoción ni enaltecimiento diabólico, aunque sí es cierto que no parece adecuado presentarlo sonriente y como orgulloso haciéndose un “selfi” de su fracasado proyecto, engañado por la doncella que rezó y quedó libre de la acordado, pues la leyenda lo dice derrotado.

Por lo tanto lo que sí quiero decir es que no veo adecuado el nombrecito de la estatuilla nombrando al diablillo como “Segodeus Aquaeductis Artífex”, pues además de saber que para nada intervino Lucifer en la erección del histórico Monumento “Patrimonio de la Humanidad”, también sabemos que ni ha sido ni será adorado como ser supremo segoviano.

Y también quiero decir y digo que me incomoda la postura dictatorial, poco adecuada a la imagen de participativa, abierta y popular que la alcaldesa intenta dar, tanto que en los últimos tiempos hasta hace participar a la ciudadanía en la inversión de algunos presupuestos, al no reflexionar que si el pueblo, por los motivos que sean, no le gusta esta propuesta, hasta presentar las miles de firmas y los recursos en contra, lo más lógico, siguiendo esa línea de tendencia participativa, asuma que puede no ser del agrado mayoritario, por lo que es muy poco democrático decir que la estatuilla se pondrá sí o sí, y mucho menos afirmar que el acuerdo tomado el 24 de octubre por el Gobierno Local es ajustado a derecho y quienes no estén de acuerdo se fundamentan “en el absurdo y la insensatez”, pues esta afirmación va en contra de esa tan predicada por los socialistas “libertad de expresión”…

Entiendo que la instalación del diablillo puede ser simpático motivo de contar la leyenda del Acueducto al turista, pero siempre que sea bienvenida por los segovianos que son quienes lo ven a tener por “singular” vecino, y la alcaldesa ha de mirar el sentir de los segovianos antes que la curiosidad de los visitantes.
Pone énfasis la primera edil en que la estatuilla “no costará un duro” a las arcas municipales, porque lo sufraga un, ignoro por qué anónimo, mecenas, además de porque esa moneda está en desuso, pero no es ésta la mayor razón del mogollón de quejas y desacuerdos.