Santiago Sanz Sanz – Entre volantazos y portazgos…

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Nada me gusta tanto cuando voy conduciendo, que poder escuchar un buen programa de música o en su defecto, una buena tertulia de temas de la actualidad política y social. Precisamente eso iba haciendo un día de estos pasados, cuando en varios de los diales, se habían puesto de acuerdo en comentar una de esas noticias irrelevantes de verano, aunque bien pensado; puede que este caso de culebrón estival finalmente no tenga tanto. El contexto sí era de lo más apropiado: me dirigía en mi viejo coche desde Madrid al nordeste de Segovia por la nacional uno y en la radio comentaban unas declaraciones del gobierno en funciones sobre el probable establecimiento de unas tasas generales para poder circular por las autovías del Estado. Justo en ese momento y sin previo aviso, un vehículo de matrícula francesa, con la baca hasta arriba de bultos y un remolque muy cargado, se cruza en mi carril cerrándome el paso, obligándome a dar un frenazo y un fuerte volantazo. Guardé la distancia tras la maniobra y presté de nuevo atención a la radio. En algún momento se puso sobre la mesa del coloquio radiofónico unas cifras sobre las presumibles cuantías de los futuros tramos; entre 0,03 y 0,14 euros por kilómetro dependiendo de los vehículos. Ahí fue mi pensamiento el que pegó otro bandazo. Me puse a hacer mis particulares cálculos; contando el IVA de la compra del vehículo, el impuesto de matriculación, el pertinente anual de circulación, la parte correspondiente de impuestos indirectos y cargos del desglose cada vez que estemos repostando y que vendría a significar el 47% o el 52% del coste total dependiendo del caldo; obtendríamos con todo esto unas cifras que sumando por lo bajo, invitarían a pensar que lo relacionado con el sector automotriz está ya de por sí suficientemente tasado. Seguramente que todo ese monto oportunamente recaudado, sin contar con parte de los presupuestos generales, no sería suficiente para soportar y mantener el poder seguir disfrutando de autovías libres de pago, como todo lo público, supongo. Y de nuevo mi pensamiento, bruscamente girando, puso cara a alguna de esas pinzas nacionalistas que sostienen al gobierno y que definen a las autovías como un “frívolo tinglado”. Ya saben que con esto de las carreteras gratis hay quien se ha sentido comparativamente agraviado. En fin, siguiendo en esa dinámica de continuos volantazos, relacionando cosas extrañas y pensando en que mi viejo coche diesel sería impositivamente de los más agravados, iba calculando resignado lo que a día de hoy me podría estar ahorrando. Al bajar Somosierra, a la altura de Cerezo y con viento racheado, sentí un nuevo bandazo; una de esas asociaciones mentales disparatadas me llevó a pensar en aquellos reyes y nobles del medievo; los mismos que habiendo dilapidado los recursos en la guerra y otros proyectos palaciegos, no encontraban mejor alternativa que apretar de nuevo al súbdito, aplicándole una vuelta de tuerca a las cuestiones del tributo. También anduve pensando en aquel impuesto indirecto y poco singular de “portazgo”, que tiene como fuente de inspiración al clásico que inventaron los romanos y todos aquellos impuestos posteriores de esa misma índole que de manera regular y con el paso de la historia, se siguieron aplicando. Hablamos de un impuesto, el de la propuesta actual y el ejecutado en el pasado, que servía para adquirir un derecho de paso por puentes, puertos de montaña, todo tipo de infraestructuras o poder entrar en las ciudades a través de sus puertas, que como bien sabemos los segovianos, nunca fueron accesos francos.

Ya en la cuesta previa de la salida para Riaza, continuaba con mis cálculos acerca de lo caro que me podía haber salido todo este tramo: peaje de ida y vuelta, el gasoil… imaginando que aquellos que como un servidor disponen de un parque móvil vetusto aunque cuidado y que teniendo presente tal gasto, podrían tender a minimizar el uso del coche afectando al dinamismo comercial y las relaciones de las poblaciones con la frecuencia que están acostumbrados. Con la intención de ahorrarse el pago, se considerará como alternativa de uso para ciertos trayectos largos, los tramos de doble sentido libres de tasas y peligrosos, que volverán a llevar más tráfico, con las prisas, los habituales descuidos y los bandazos.

Siguiendo por la autovía, pensando en lo que siguen comentando en la radio y a la altura de Boceguillas, casi me despisté de la salida. Accioné el intermitente y di un leve volantazo saliendo de ese vial seguro y amplio mientras seguía preguntándome al igual que los tertulianos de la radio, si algunos políticos carecen de propuestas en los ámbitos encargados “de estimular la economía”, mostrándose incapaces desde el poder, de administrar y manejar los recursos del Reino sin tener que engordar la deuda de la economía doméstica ¡Ojo! que lo hacen con reincidencia. Una incapacidad que sin embargo, no muestran a la hora de seguir maquinando herramientas para la sangría del ciudadano en todas sus facetas, que traducidas a la práctica son como bandazos peligrosos para el autónomo en la recuperación de su debilitada solvencia y de paso la puntilla del menguante poder adquisitivo de la clase media. Y así, pensando y escuchando el dial de la misma frecuencia, doy un último volantazo de pensamiento por inercia, porque si algo me asusta de esto, es que todo lo anterior pudiese quedar en la nimiedad de la anécdota, si como parece y los indicadores manifiestan, el receso económico podría estar en las puertas, pero parece que al Gobierno en funciones ni le toca el tema, ni le afecta ¿a quién o a quiénes les recuerda?