Rubén Arnanz – Oro parece plata no es… ¿Trampantojo?

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Véase la ilusión óptica o trampa con la que se engaña a una persona haciéndole creer que ve algo distinto a lo es y que en realidad ve. Corren tiempos confusos en un mundo de apariencias en los que el discurso del efectismo y los fuegos de artificio se anteponen a la verdadera esencia, a la del producto original el cual se precipita al borde del peligro de extinción.

Concretamente hablo del negocio de la industria generado desde hace décadas inspirado en el gato por liebre en la que cada año baten registros de ingresos mientras llenan frigoríficos y estómagos vacíos de millones de personas como si fueran conejillos de indias. Estoy convencido que la cuestión en sí reside en la demanda, ya que, de no existir un mínimo de conciencia demandante, la industria se apoderará de nuestra imaginación hasta límites insospechados. Hago mención a pseudo productos tan presentes como surimi o palitos de cangrejo, concebidos para pretender imitar al cangrejo real, paquetes de gulas que rebosan en los hogares y cartas de algunos establecimientos imitando a la tan preciada y escasa angula, aceites de trufa, sucedáneos de caviar, helados con saborizantes variopintos, croissants de plastilina, por no mencionar el movimiento vegano que quiere fusilar todas las imitaciones posibles asociadas al mundo cárnico en lugar de trazar su propio camino auténtico. En resumen, papillas, amasijos y aglomerados creados sin complejos por compuestos, aditivos, conservantes, edulcorantes, resinas, glutamatos y un largo etcétera de polvitos mágicos necesarios para su procesado, a los que le siguen colorantes varios listos para maquillar y ser puestos a la venta. Luego parece que nos hacen un favor, mientras promueven costosas campañas que rezan eslóganes como: menos azúcar, sin aceite de palma, sin equis aditivo o con la etiqueta por bandera de producto artesano o gourmet.

Después de generaciones pseudo alimentadas por ese producto virtual, es habitual encontrar personas tan ingenuas, por poner un ejemplo, afirmantes que la deliciosa y aromática trufa fresca que prueban por primera vez no sabe a trufa y la consiguiente sorpresa ante el precio correspondiente a la realidad. Una difícil pirueta poder hacer frente a lo que esa persona ha podido consumir, experimentar y pagar a lo largo de su vida por ese pseudo producto. ¿Ética del gusto?

El ser humano es capaz de engañarse jugando al solitario, reflejando el dudoso camino entre el querer y el no poder. Un ser que es capaz de pagar por imitaciones del top manta anteponiéndolo a productos originales con la consiguiente ingenua justificación de lo injustificable a la que pretenden someterte. El mundo del trampantojo trasciende de lo gastronómico a los bolsos de piel, relojería, cosmética o perfumería por mencionar algunos oficios imitados hasta la saciedad. Otro capítulo aparte correspondería a los daños colaterales de tráfico ilegal generados, especulaciones variopintas, competencias desleales etc. derivados del oro parece plata no es.

Convendría sospechar, hablando de producto, que esas recetas a la venta mencionen más de tres o cuatro ingredientes en su etiquetado.

Claro, que no seré yo quien haga su lista de la compra ni quien dicte las reglas de su propio juego y por consiguiente de su salud. ¿Original o copia?