Rubén Arnanz – ¿Menú infantil?

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Se ha dicho de todo sobre los menús infantiles hasta la fecha, pero quizás se ha hecho muy poco por ello. Son muchos los padres y madres que quieren que haga eco sobre lo que para ellos fue una gran satisfacción, que no es nada menos que sus pequeños hubieran podido comer y disfrutar de una manera saludable y lúdica como nunca. Ofrecer opciones para niños en los restaurantes es trascender del concepto clásico de menú infantil, generalmente marcado por sabores y texturas transformados, desvirtuados y lejos de su naturalidad. Existe vida más allá del Happy Meal y los centros educativos y su labor de enseñanza son fundamentales para que los niños aprendan a comer inculcándolos valores y hábitos saludables y no a tratarlos como números ya que con toda probabilidad marcarán el resto de sus vidas. Cuando son muchos los planteamientos y la diversidad de temas los que nos llevan de nuevo a tan clara respuesta ¿Por qué no aplicamos la solución adecuada?

A partir de los doce meses una vez concluido el periodo de lactancia, si bien es cierto que la OMS recomienda seguir alternándola durante los doce siguientes prolongándola hasta los dos años, los niños pueden comenzar por comer prácticamente la mayoría de alimentos, eliminando aquellos que pudieran contener algún tipo de contenido tóxico derivado de metales pesados, incluso los que conlleven riesgo de atragantamiento. Lo ideal sería que a partir del año los niños sean capaces de comer trozos de alimentos, interactuando con sus propias manos en hábitos de higiene y aprendiendo a una debida utilización de diferentes cubiertos y accesorios. Siempre ofreciéndoles la mayor diversidad de alimentos saludables, todo un viaje al origen de la alimentación que facilita que descubran y experimenten nuevos sabores, texturas o combinaciones posibles. Entonces, ¿por qué limitar la oferta alimentaria de los niños a Nuggets y sucedáneos si pueden comerse el mundo?

La alimentación durante la primera infancia es fundamental para sentar las bases alimentarias de sus vidas, entre otras, protegiendo posibles enfermedades y trastornos derivados de una mala alimentación. El organismo de los más peques está en pleno desarrollo y es más vulnerable, motivos por los cuales es imprescindible que reciban una nutrición equilibrada y saludable desde el inicio. Siendo ellos nuestro futuro como lo son… ¿Por qué hacerlos comulgar con ruedas de molino? En muchos casos, la persona responsable que está en pleno deber de enseñar es la primera que no cumple con los hábitos mínimos del ejemplo ¿Por qué educar con algo que ni tú mismo te comerías? Obviamente, la tensión y el enfrentamiento del no me gusta están servidas en bandeja de plata.

Experiencia y conocimiento deben servirnos en pro de una buena nutrición, existiendo posibilidades como empezar por compartir con ellos una importante diversidad de productos de calidad y elaboraciones que habitualmente consumimos haciéndoles partícipes y cómplices de ello en pequeñas cantidades, no obligándolos a comer una cuantía desproporcional a sus calorías diarias recomendadas de las ya conocidas ofertas existentes.

Está comprobado que, al margen de alergias e intolerancias alimentarias, no existe rechazo humano a un producto en sí, si no a una receta o medio confuso de ejecución elaborado, volviendo al inicio, desvirtuando su naturalidad o atractivas posibilidades.

Inevitablemente, por mucho que pasen los años todos llevamos un niño dentro.