Rubén Arnanz – ¿A qué saben las nubes?

Pudiera ser que asociar gastronomía y globos aerostáticos tuviera que ver lo mismo que asociar velocidad y tocino.

Existen ciertos momentos que serán recordados toda la vida, y a raíz de mi primer vuelo en globo, en consonancia con mi inquietud necesitada de cocinar allá donde vaya, provocó que me planteara la posibilidad de cocinar en un globo aerostático.

Fue gracias a Cristian Biosca, una de esas personas inspiradoras en peligro de extinción, capaz de transmitir la pasión de volar y el virtuosismo de hacer sencillo y seguro el pilotaje de semejante aeronave.

Si hablamos de Joseph-Michel y Jacques-Étienne entre otros tantos nombres francófonos, probablemente no los reconozcan, pero si mencionamos a los hermanos Montgolfier, sin duda, le vendrá a la mente el apellido esos hombres capaces de haber inventado el globo aerostático.

El almuerzo campestre de Siempre en las nubes nació a fogonazos unas semanas antes de aquel 19 de enero de 2016, cuando decidimos abordar la experiencia de cocinar en el globo sobrevolando la histórica ciudad de Segovia, prolongado después del aterrizaje a modo de picnic ilustrado. Una celebración natural con cierta espontaneidad tras una auténtica aventura contemplando la belleza de Segovia, una de esas ciudades del mundo reconocidas por Unesco y por cuantos se acercan a conocerla y reconocerla.

Los hermanos Montgolfier lo celebraron con una botella de Champagne, natural de su cultura francesa y saber hacer. En nuestro caso decidimos apostar por una celebración excelsa creada con los ingredientes más próximos y que mejor conocemos para compartir de manera auténtica un pedacito de nuestras raíces para todos aquellos que se aventuran a volar llegados desde cualquier parte del globo. Una celebración/aventura sin precedentes dadas las características tan especiales que hacen que sea para cualquier persona, un día único y memorable hasta para las mentes más olvidadizas, prolongando la diversidad de esa riqueza cultural derivada de reunirnos junto a una mesa para compartir buenos alimentos.

Antes, durante y después del vuelo acompañamos el placer de volar con el placer de disfrutar de nuestra gastronomía.

Algo que nos une es que sin equipo no somos nadie y en estas palabras también quiero reconocer a José Luis Calderón, piloto y compañero de Cristian, actualmente uno de los pocos pilotos españoles que cuenta con la habilitación de vuelo nocturno con globo libre de gas o aire caliente.

Una carácter aventurero y comprometido con las bondades de la naturaleza, que les ha servido para conocer y sobrevolar muchos países del mundo al igual que yo he tenido la oportunidad de compartir y cocinar el sabor y la belleza en otros tantos.

Sinergias positivas llenas de imaginación y buen gusto para disfrutar con todos aquellos que quieran compartir un regalo especialmente memorable.