Réquiem por un café

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Señora directora:

El pasado día 13 de diciembre, se publicó un magnífico artículo en el que se hablaba del cierre del ya mítico Café Bar España de la localidad de Santa María la Real de Nieva, haciendo referencia a la problemática que subyace de fondo de la “España vaciada”. Pero, eché en falta la mención de dos de las personas más ilustres que, para mí, han pasado por este café. Y por esto, querría dedicarles estas líneas.

Alberto y Sole, junto con todos sus hijos (nada menos que siete), han regentado y mantenido vivo el Café durante más de veinte años, han tenido una perspectiva privilegiada de lo que acontecía en la localidad en las postrimerías del siglo XX y claros espectadores del vacío que asola a la comarca durante el inicio del siglo XXI. Pero estas personas han sido más que eso.

Quiero pensar que esto ya lo saben, pero por si acaso quiero recordarles que también todo el mundo tendrá en el recuerdo y echará de menos su amabilidad, su saber estar, su trato y, en definitiva, su Café. Y los más cercanos también les agradecemos todo lo que nos enseñaron: lo sacrificado que es sacar un negocio adelante, lo importante que es el respeto, la buena educación, que todo el mundo es igual y como tal hay que tratarlo, independientemente del lado de la barra que ocupe. Lecciones de vida.

En particular, quería que supieran lo mucho que los admiro por todo lo que han hecho estos años, lo agradecida que estoy por todo lo que he aprendido entre esas paredes, porque yo he tenido la suerte de crecer allí. Además, me invade el orgullo al pensar en ellos (mis abuelos) y en sus hijos (mi madre y tíos) y en como durante todos estos años han mantenido con vida el Café.

Siempre recordaré, entre muchos otros recuerdos, a mi abuelo cantando villancicos dentro y fuera de la barra por estas fechas, el maravilloso sabor de las croquetas y la tortilla de mi abuela ante las que cualquier público cae rendido… ¡eran los primeros pinchos que volaban!

Recuerdo también las risas en aquella cocina, las mil anécdotas allí vividas y escuchadas. Pero, sobre todo, me quedo con una de las cosas más importantes de todo este tiempo, y es lo feliz y unida que ha estado mi familia durante todos esos años, y así sigue siendo hoy en día.

Es cierto que siempre echaré de menos el Café, como muchos otros, pero a mí al menos me queda lo más importante, sus actuales dueños: mis abuelos.

Una de sus nietas