Pedro Montarelo Sanz (*) – El desalojo del Policlínico

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Sin duda, y con razón, a muchos les voy a parecer un bicho raro, si digo que una de las imágenes que conservo con más nitidez de los días de mi confinamiento a cuenta del bichito de la pandemia que nos aflige, sobre todo con la fuerza con que lo ha hecho en Segovia, es ver desde mi ventana cómo sacaban camas y mesillas, en perfecto estado, del Policlínico para trasladarlos al colapsado Hospital general y ocupar con ellas los más inverosímiles espacios. Era la imagen viva del nivel de obcecación al que se había llegado cerrando un establecimiento sanitario, con satisfactorio funcionamiento y absolutamente necesario para Segovia y su provincia. La escena era una muestra más de una obcecación tan ciega que ni siquiera en esa condiciones extremas, les debió llevar un minuto pensar si sumando el esfuerzo del fallido “hospital de campaña” imposible de soportar las más mínimas condiciones y necesidades sanitarias al efecto, y con la contratación de empresas segovianas no habría sido posible hacerle básicamente operativo en dos semanas. No creo que hubiera resultado más complicado que la habilitación de los pabellones de la Feria de Muestras de Valladolid.

Pero siguiendo con mi particular visión de la cosa, el primer indicio que me incitó a pensar que estaba venciendo al jodío bichito, cuando llevaba días en que no quería ninguna comunicación con el exterior ni otro pensamiento que fuera la propia supervivencia, fue que me invadiera el deseo de que se convocara una sesión del Consejo de Salud. A estas sesiones, yo asistía en representación de la Federación de Vecinos y, por sistema, siempre aprovechaba el turno de ruegos y preguntas para plantear el tema del Policlínico a pesar de que ya me tenía más que aprendida la respuesta oficial. Si cansina podía resultar mi pregunta no menos decepcionante era escuchar siempre la misma respuesta. Esta vez, pensaba repetir, por supuesto, la misma pregunta, pero imaginaba que lo iba a hacer mirándole a los ojos al interlocutor y comprobar si manteniéndome la mirada era capaz de repetir el mismo mantra de sesiones anteriores: “la Junta ya no quiere saber nada de ese edificio, no le pertenece y lo importante es que las necesidades sanitarias de Segovia están suficientemente cubiertas con las instalaciones que tenemos”. Porque para nada servía que conocieran, insensibles y ajenos, los fundados informes que demostraban lo contrario y el agravio comparativo de Segovia respecto de las otras provincias que puntual y exhaustivamente les hacía llegar la Plataforma por la Defensa del Policlínico.

Ahora, desgraciadamente, se ha hecho evidente la penuria de instalaciones sanitarias en que estaba Segovia, única capital de Castilla y León con un solo hospital junto con Soria, y la más baja en camas respecto a habitantes, a la cabeza de muertos por Covid-19. Las noticias que nos llegaban de la saturación del Hospital donde tuvieron en ocasiones que decidir a quién se ponía respirador, dada su escasez, hacían que los que lo estábamos pasando en casa, con un seguimiento telefónico que con frecuencia te trasmitía más angustia que ánimo, necesitáramos oír cada tarde el “resistiré”, para hacernos fuertes y evitar a toda costa tener que ser ingresados.

Y ahora, ante tanta dolorosa y trágica evidencia, reconocen la penuria sanitaria de Segovia y en ese afán de “mantenella y no enmendalla” se descuelgan con el señuelo de “un nuevo Hospital”. ¡Cuán largo me lo fiáis!. Pero lo malo del asunto es que por ese portillo ya ha empezado a colarse la duda en las declaraciones institucionales y a introducir en la ciudadanía la discusión muy segoviana de si son “galgos o podencos”, o de Ayuntamientos que, generosos ellos, ofrecen sus terrenos.

El Hospital Policlínico, pese a quien pese, es y, si no se rectifica será definitivamente el monumento a la desidia y al menosprecio de las necesidades sanitarias de los segovianos. Me gustaría saber cómo y de quién partió el mantra del mal estado del edificio y sobre todo quién es el autor de la ficha que, al parecer se pone encima de la mesa de cada alto responsable de Sanidad que llega nuevo. En el caso de la actual Consejera de Sanidad es bien patente porque cómo se explica si no que en su campaña electoral como candidata por Ciudadanos defendiera convencida la necesidad de recuperar el Policlínico y que a los 15 días de ocupar el sillón de la Consejería, repitiera en la propia Segovia el mantra y el argumentario que cada sesión oíamos en el Consejo de Salud.

No deberíamos morder el anzuelo de la intención de posible nuevo Hospital. Lo que tenemos al alcance de la mano es la recuperación del Policlínico. Con voluntad política, sobre todo, y con dinero que la comunidad va a recibir ahora para fines sanitarios, se puede abordar de inmediato la rehabilitación del Policlínico que puede estar operativo en pocos meses, que es lo que necesita ya mismo la provincia de Segovia. Si la construcción de un nuevo hospital no es un brindis al sol, que comiencen también los trámites para ello porque dentro de 10, 12 años, plazo mínimo para el funcionamiento de una estructura de esa naturaleza, a lo mejor están habitadas las 2400 viviendas que contempla el Plan especial de Áreas Históricas o avanzada la construcción y ocupación de al menos parte de las 16.000 viviendas de Prado Bonal que habilita el Plan General de Urbanismo, o que haya aumentado aún más la población flotante. Por cierto, y con esto acabo, la presencia de madrileños venidos a la provincia de Segovia a pasar el confinamiento ha sido mucho menor que el número de los que lo han hecho en la de Ávila. Luego no es problema de número sino de capacidad de respuesta y atención.
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(*) Catedrático emérito de Filosofía. Portavoz de AVRAS. Presidente de Amigos del Patrimonio de Segovia. Presidente de la Federación por el Patrimonio de CyL.