Pedro Montarelo Sanz – Alforjas de paciencia

181

Alforjas de paciencia, es lo que parece que vamos a necesitar los vecinos, sobre todo los vecinos del Casco Histórico. Resulta casi enternecedor que la señora alcaldesa nos pida eso a los vecinos, sorprendida ella misma de lo que ha supuesto el pasado puente del Pilar en lo que a afluencia masiva de turistas se refiere. Para los vecinos ya es habitual la dificultad de atravesar o de desplazarse por la calle Real en esos y otros muchos días. Dificultad que no sólo hace difícil el tránsito de los vecinos sino que también hace inviable la pervivencia de establecimientos que sirvan a las necesidades de los residentes, ahogados por el precio de los alquileres que las franquicias y los bazares al servicio de esa marea turística, están dispuestos a pagar.
Pero en buena hora nos armaríamos de paciencia si el motivo de ello fuera sólo la coyuntural afluencia masiva de los turistas en los festivos puentes, precio que, al parecer, hay que pagar para mantener el “motor principal de la economía segoviana”.

El problema es que tenemos otros frentes de paciencia abiertos y la mayor parte de ellos desde hace mucho tiempo sin que veamos voluntad de solución ni tengan que ver con la afluencia masiva de turistas. Porque cuánto tiempo, por ejemplo, llevamos pidiendo vivir en un barrio abierto, como los demás, sin guetos, sin fronteras internas y externas; es decir, que podamos circular por sus calles y acceder a él desde fuera tanto por la Plaza como por el Arco del Socorro. Que esto no es aumentar el tráfico sino evitar barreras inaceptables de incomunicación entre los vecinos.
Mejor soportaríamos esa demanda de paciencia si, ya que el turismo es “el motor de la economía segoviana”, es decir, el factor que más dinero aporta a Segovia, algo de ese rendimiento revertiera en necesidades tan perentorias como es el arreglo de la calle Daoiz, la más frecuentada por el turismo. Aparte de los problemas que los vecinos de esa calle sufren como consecuencia del mal estado del saneamiento y otros servicios, tienen que soportar el peligro del tendido de cables y conducciones por sus fachadas y balcones, inutilizados algunos para el uso doméstico por estar anclados a ellos un haz de cables.

Sabemos y damos por buena la necesidad de arreglar la Calle de San Juan aunque nos resulte difícil entender por qué se ha contratado con un plazo tan largo de realización. Pero de ahí a suprimir totalmente el servicio público y dejar incomunicado todo un barrio va mucha diferencia. Hemos propuesto y pedido se refuerce al menos la línea 9 y se establezca para el único microbús que accede al casco histórico un horario útil que comience a las 7,30 horas, con paradas definidas y bien señalizadas; necesitaríamos que comunicara con el centro de salud en San Lorenzo, para el que durante este tiempo los vecinos carecen de línea directa. Los vecinos que no pueden bajar al acueducto no tiene otro medio de acceder al centro de salud que mediante el taxi, por cierto con un sobrecoste añadido cuando no hay taxis en las paradas y/o si tienen que pedirlo.
Aguante y paciencia, créanme, esperando que se hagan efectivas esas anunciadas plazas de aparcamiento para residentes. Las mismas facilidades que se dan a los hoteles para tener plazas permanentes de carga y descarga para recibir a sus clientes, las quieren y las necesitan los vecinos cuando han de llegar a sus casas con equipaje o compra, o sus familiares o vehículos de oficios y servicios demandados.

No necesitaríamos acumular tanta paciencia si ya no sólo los días de afluencia masiva sino cualquiera otro día o fin de semana no tuviéramos que soportar los ruidos, la suciedad, la invasión de aceras por las terrazas o elementos de las mismas, el consumo de alcohol en la calle… Bares hay, y no pocos, que no disponen de terraza pero sus clientes ocupan la práctica totalidad de la calle interrumpiendo el paso a las viviendas de los residentes, con un nivel de ruido incompatible con el derecho al descanso de los vecinos.
Y si queremos más motivos para la paciencia, podemos citar la música en la calle a todo volumen; despedidas de solteros/as; “días sin coche” o acontecimientos deportivos que apenas tienen otra repercusión que el cierre del casco histórico.

Ante el estado lamentable de la Calle de San Agustín, hemos planteado la necesidad de abordar al menos el bacheado de esta calle antes de que las obras de la calle de San Juan permitan su apertura, no sea que nos encontremos de inmediato con un nuevo cierre del acceso al casco histórico. Afortunadamente en esta ocasión parece que la petición puede tener éxito ya que hemos visto que los técnicos han marcado las zonas más deterioradas – aunque necesitar arreglo lo necesita toda la calle- , lo que parece indicar que procederán de inmediato a esa básica reparación. Esperemos que se habiliten también caminos de solución para los demás frentes.
——
(*) Miembro de la ejecutiva y portavoz de la Asociación de Vecinos del Recinto Amurallado (AVRAS).