Pablo Martín Cantalejo – SOS del pequeño comercio

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No es la primera vez que comento en esta sección la situación en que se encuentra el comercio segoviano, el pequeño comercio local, y ahora viene a confirmarlo la asociación de estos comerciantes, lanzando un SOS en busca de alguna posible solución que lleve a tratar de que estas tiendas pequeñas remonten, aunque ya sabemos que va a ser muy difícil volver a tiempos pasados que fueron de absoluta normalidad, en cuanto se refiere al número de ventas y a la continua demanda por parte de los segovianos y de los visitantes.

SOS es una palabra que parece se utilizó por vez primera en Alemania, hacia 1905, como una señal más a incluir en el alfabeto Morse pero, dicen los entendidos, sin que se trate de un acrónimo o de una petición de auxilio concreta, sino unas letras que desde entonces se han asociado a momentos de peligro, y que el SOS es generalmente empleado en operaciones marítimas, especialmente en situaciones críticas en las que se precisa la ayuda ajena.

Bien, dicho esto como un aparte, lo cierto es que el pequeño comercio local está pasando por una etapa muy peligrosa, principalmente por causa de la paulatina aparición y montaje de las grandes superficies, que contribuyen a que el comprador dirija hacia ellas sus solicitudes de compra, y se vaya olvidando de las tiendas modestas que, en realidad, tiene mucho más a mano para resolver sus problemas de compras, pero que se están viendo eclipsadas, repito, por los grandes almacenes, en los que muchas veces, por no decir siempre, se compra más de lo que es necesario, pero es que su oferta amplísima y variada invita a ello.

No deja de influir también en esta situación el momento por el que pasan algunos barrios en los que la edad de sus habitantes habituales es alta, lo que contribuye a que muchos de ellos no se encuentren en condiciones de salir a la calle para hacer su compra diaria. Cosa ésta que hace varias décadas era lo normal, porque en la mayoría de los hogares se hacía la compra cada día, llevando a casa poco más o menos lo que se precisaba para consumir en la misma fecha. Pero esto, como otras muchas cosas que podíamos considerar costumbres habituales, ha quedado definitivamente olvidado. Y ahora se recurre mucho al encargo por teléfono para recibir la mercancía en casa, sin olvidar la creciente costumbre de comprar a través de Internet.

La realidad la tenemos aquí, y no hay que mirar a otro lado. Es fácil entender que una posible solución no se puede encontrar de un día para otro, pero cierto es que los organismos más directamente implicados en conseguir que la vida ciudadana lleve un ritmo normal, están obligados a estudiar a fondo el tema. Repito que la solución, hoy, no es sencilla, pero también podrían encontrarse salidas adecuadas para tratar de paliar un poco la situación del comercio local.

Sabido es que muchas de estas tiendas que ha tenido que echar el cierre lo ha sido por la jubilación de quienes, como titulares, durante años han trabajado denodadamente para sacar adelante sus negocios, pero ésta también es ley de vida y hay que aceptar tomarlo como normal. Asimismo parece que los altos precios de alquiler que existen retraen a quienes pueden aspirar a montar un nuevo negocio, y de ahí que algunos de estos alquileres corran a cargo de franquicias, pero no todas siguen adelante, y vemos, cada día, que alguna que otra también echa el cierre.

Esperemos, pues, que cuantos organismos, entidades y personas puedan “echar una mano”, la extiendan para tratar de conseguir el sostenimiento y la mejora del pequeño comercio local.