Pablo Martín Cantalejo – ¿Pasó la tormenta?

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El pueblo, que es muy sabio (aunque a veces mete bien el pie), suele decir que después de la tormenta llega la calma. Esto parece que ahora está ocurriendo en nuestra ciudad, donde después de gritar contra los “parches”, de pedir un nuevo hospital YA (era un decir, porque todos sabían que YA no podía ser); de chillar contra viento y marea, sin que faltaran los habituales reproches de partido a partido (político se entiende, claro), ahora se van calmando los ánimos después de hablar, de razonar, de pensar sin dejarse llevar del favoritismo y del autoritarismo. Y parece que vamos entrando en razón, aunque el espíritu impulsivo de algunas personas sigue poniendo algún punto negro. Pero es que somos así…y repito una vez más, que así nos va.

Nos va, y nos viene. Porque seguimos a remolque con algunos problemas ante los que los máximos responsables locales los ven de una forma y los vecinos de los diferentes espacios, de otra. Y es que utilizar como justificación que otras ciudades tienen sus centros históricos con cables no parece que sea muy adecuado. Porque, a fuer de sinceros, habría que ver, estudiando a fondo el asunto, donde está el origen de la culpa y quién la protagoniza. Pues después de siete u ocho años de mantener el cableado de las Canonjías en el mismo estado, no es adecuado para echar balones fuera, tratar de lavarse las manos y culpar en parte a otros de la responsabilidad. En un periodo tan largo ya ha habido tiempo de poner de acuerdo, y si es posible “firmes”, a cuantos tienen que aportar su tarea y sus dineros para dejar las cosas en su sitio, lo que quiere decir los cables debidamente soterrados. Porque hay que dar gracias a Dios, incluso por los que no creen en él, por haber estado evitando hasta el momento alguna tragedia que muy fácilmente pudo ocurrir, y que aún no se está libre de ella, ante la situación caótica de cables, cajas de registro, etc., cuyo peligro está bien a la vista de segovianos y visitantes.

Ahora la alegría municipal se va hacia el CIDE: O sea, la noticia de última hora de que las obras en el faraónico proyecto serán recibidas por el Ayuntamiento en el próximo Septiembre. Y digo faraónico, como siempre lo he llamado, porque el Centro de Innovación y Desarrollo Empresarial, CIDE (que tanto sudor, lágrimas y dinero está costando) es una pequeñísima partícula del proyecto total del CAT, es decir, del Círculo de las Artes y la Tecnología, que cuando se concibió, en el pasado 2008, se calculaba un importe de 130 millones de euros para la realización completa, que consta de once edificios: Tres Edificio de Emprendedores, residencia, restaurante, centro del conocimiento, museo, centro de ocio, central energética, edificio I+D+I y palacio de congresos.

Ante la situación, cabe preguntar si se decidirá “continuar adelante” con el proyecto ante la posibilidad de habilitar en el futuro alguna de sus naves como UVI, si persistiera la pandemia, y si se terminara antes que el nuevo Hospital.

Me parece que lo seguro será que la NASA, la Agencia Espacial Estadounidense, conseguirá antes la ayuda que está solicitando para instalar un inodoro que pueda ser utilizado en la Luna, pensando de cara al viaje previsto para el año 2024 con ocasión de la misión Artemisa, que contará con la primera mujer astronauta en viajar a nuestro satélite, por lo que el “aseo” tendrá que ser “unisex”. Por el momento, la NASA ofrece un premio de 35.000 dólares a quien le ayude a diseñar el “inodoro lunático”.

¡Hala! ¡A animarse los inventores…de obras faraónicas!