Pablo Martín Cantalejo – “Luz, más luz…”

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Dicen que esta expresión que coloco en el título está atribuida al poeta, dramaturgo, novelista y científico alemán Johann W. Goethe, pronunciada horas antes de su fallecimiento en marzo de 1832. Y que fue su médico el que difundió la expresión, aunque también se asegura que dicho médico no estaba presente en el momento del óbito. Bien, pero el caso no tiene mayor problema para tratar de ello; únicamente lo recojo porque son unas palabras muy necesarias, ahora, en nuestra ciudad, donde los partidos municipales en la oposición están reclamando al equipo de mando que un buen número de problemas —que ahora no vamos a enumerar— deben ser sacados a la luz, es decir, deben convertirse en transparentes, translúcidos, claros, para que “su verdad” sea entendida y evitar así malos pensamientos.

Pues, este es el caso, y este el momento que se está viviendo en el interior de la Casa Consistorial. Pero, vamos más allá. Esa necesidad de “luz, más luz” se extrapola al exterior y se convierte en una necesidad, digamos perentoria, para los ciudadanos. Porque el tema del alumbrado público, “olvidado” desde hace quinquenios por el Ayuntamiento, está pidiendo ya una adecuada atención y una muy expresa dedicación.

El “mal” afecta a muchos sectores de la ciudad, donde muy rara vez se ha ampliado el sistema luminoso público, y tampoco ha sido muy frecuente la sustitución de lámparas ni la limpieza de faroles, por lo que hay espacios que poco a poco van quedando en la penumbra. Y si ponemos como ejemplo la vía más transitada, la Calle Real, fácilmente se observa que, una vez cerrados todos los comercios y apagadas sus luces, casi hay que echar mano de una linterna para conocer a los viandantes o no caer en las muchas trampas que ofrecen las muy martirizadas losas. Y esta escena podemos desplazarla, repito, a otros muchos lugares de la ciudad.

Deficiente, pues, el alumbrado público, y en la misma línea el destinado a los monumentos (aunque desconozco en este momento ello es hoy competencia municipal, porque al paso de los años ha habido de todo). Los proyectores o pierden también intensidad o pierden “el norte” y se van desplazando de su eje primitivo hasta desviar sus rayos lumínicos hacia otros puntos. Un ejemplo muy real nos lo muestra el Acueducto, cuya parte central, la más sorprendente en horas nocturnas, apenas tiene luz que resalte sus piedras, y eso que hoy las nuevas técnicas disponen de sistemas para que esto no ocurra. Porque otros medios menos sofisticados había en los años 60 del pasado siglo, y por entonces se hicieron las primeras pruebas de iluminación del Acueducto a cargo del Servicio Municipal de Alumbrado, que en diciembre de 1963 hizo uno de los primeros ensayos. Por cierto que en mi archivo tengo recortes de las décadas de los 60 y 70 en los que con frecuencia se trataba en los plenos o en las “comisiones permanentes” municipales, que así se denominaban entonces las similares a las de hoy, asuntos relacionados con el alumbrado público, mejoras, sustitución de farolas, instalación de nuevos alumbrados en calles y plazas…Todo esto no se lee ahora por parte alguna, y creo que lo último sobre el tema se produjo en el 2015 a través de una exposición sobre el Plan Director de Alumbrado en el que se proponía “intervenir en 7.238 puntos de luz de la ciudad, iluminar 26 monumentos, resaltar 54 detalles arquitectónicos y crear varias intervenciones especiales como tres iluminaciones artísticas y cuatro recorridos nocturnos.” Y se añadía: “Con este plan director y apoyándose en las nuevas tecnologías, el Ayuntamiento de Segovia acometerá una transformación profunda en el alumbrado público y ornamental de la ciudad”.

Bien; pues ahí está “la cosa”, y el resultado…bueno, el resultado es para el que de nuevo tenemos que pedir “luz, más luz” para conseguir verlo.

Se colocaron un “buen día” los farolones que “lucen” en zonas del barrio judío y se olvidó por completo el bellísimo conjunto de las plazas de San Martín y Medina del Campo, por la consabida rabieta sufrida al rechazarse con carácter general las luces incrustadas en el pavimento, que “costaron un riñón” pero, si te he visto, no me acuerdo.

Esperemos que este nuevo año, y esta “¿nueva? Corporación”, cambien las cosas y aporten “más luz potente” a estas cuestiones.