Pablo Martín Cantalejo – ¿Habrá solución algún día?

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El ritmo de vida que llevamos todos en este tan movido siglo XXI, en todos los aspectos, nos obliga a esforzarnos en prestar la debida atención a nuestros deberes, tanto a los políticos como a los que no lo somos. Quizá mayor esfuerzo recae en ellos si son conscientes de que el bienestar del pueblo depende en buena parte de sus decisiones. Y a los que no practicamos la política en directo, si bien de refilón nos crea problemas, también nuestras obligaciones nos imponen dedicar a ellas el tiempo preciso, bien sean en familia bien en nuestra profesión.

Todo ello representa que durante prácticamente todo el día tengamos la mente ocupada, y quizá también preocupada, por los problemas y situaciones que tenemos entre manos. De ahí viene que el olvido de muchas cosas le tengamos a la orden del día. Pero es peligroso dejarnos llevar por el olvido, porque luego resulta mucho más difícil recuperar las cosas.

Por ejemplo, y ahí va a parar toda la disquisición anterior: desde hace un tiempo tenemos completamente sumido en el olvido que siguen existiendo las ruinas de lo que un día fue Teatro Cervantes, destruido incomprensiblemente y para el que da la sensación de que no va a haber una posibilidad próxima de recuperarle…Bueno, no de recuperar el antiguo Cervantes, al menos de poder construir un nuevo teatro en el solar que queda del anterior.

Hace cuatro días que se recogía en este diario una alusión al tema, al parecer tratado entre la Concejalía de Urbanismo y el nuevo delegado de la Junta de Castilla y León. Me pregunto ¿se trata de que también sea la Junta la que pueda intervenir en favor del teatro? Nunca estaría de más, por supuesto. Cuanto mayor interés exista, mejor irán las cosas.

Comprendo que los políticos, en los momentos que vivimos, estén todos muy agitados, movimiento que es fácil que se extienda también a los que tenemos más próximos y de los que cabe que un día se pueda recuperar algo sobre el olvidado Cervantes. Parecía que todo estaba encarrilado, hace algún tiempo, y así nos lo hicieron ver los más directamente implicados en el tema. La esperanza resurgió, pero he aquí que la revuelta política española ha empezado a crear problemas de todo tipo, y si antes se tenía alguna promesa de cara a la posible reconstrucción del teatro, ahora todo parece detenido –esperemos que no olvidado, por lo que se dice de haberse tratado el tema con la Junta- hasta que la cúpula de políticos mandatarios españoles logre un Gobierno estable.

Ahora que el equipo de gobierno municipal se mueve en los ideales del Gobierno de España, parecía el momento de conseguir del correspondiente ministerio la ayuda definitiva para la solución, pero las accidentadas circunstancias que imperan, la incertidumbre latente, han alejado mucho las buenas perspectivas. Y habrá que esperar a que llegue el momento en que, apaciguadas un poco las aguas, se pueda volver a insistir ante los máximos responsables de la nación para que echen una mano a este problema que tenemos en Segovia. Problema que, a decir verdad, tendrá que “competir” con otros muchos que en nuestro suelo patrio existen y hacia los que cada interesado tratará de arrimar el ascua a su sardina.

Cada vez que en nuestro caminar pasamos ante el muro del Cervantes, ni los carteles que cubren las que fueron sus puertas de acceso ni ninguna otra cosa nos pueden hacer olvidar que allí existió un importante reducto para la cultura segoviana, testigo de innumerables actividades desde el momento de su construcción y a través de las variadas vicisitudes que conformaron su historial hasta llegar el momento de su trágica desaparición. Durante años he asistido allí a cine, zarzuelas, teatro, conciertos, incluso he pisado las tablas de su gran escenario para actuar en obras teatrales.

Repito una frase muy corriente: Como “la esperanza es lo último que se pierde”, crucemos los dedos de la mano y “esperemos” poder ver algún día resurgir el coliseo…nosotros o al menos los que vienen detrás.