Pablo Martín Cantalejo – Cultura en el paisaje

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Comentaba en un artículo el escritor y ex ministro César Antonio Molina que “La cultura, siempre, debe estar al margen de los vaivenes políticos (dentro del mismo gobierno también) y no debe servir a las ideas de los políticos, sean del signo que sean. Porque la cultura estará siempre por encima de ellos. La política es temporal, mientras que la cultura, la gran cultura, permanece en el tiempo”.

En esta línea se ha venido manteniendo, primero la Universidad Popular Segoviana y después, su heredera la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce, convertida en tal, para sustituir a la Universidad, en 1971. Es decir, haciendo gala de lo que escribía Molina, ignorando –y respetando- la ideología política de cada uno de sus quince académicos numerarios, distintos por las correspondientes bajas y sucesiones. Ahora que la Real Academia cumple su primer centenario, lo demuestra con la organización de un Congreso Internacional que lleva el título de “Educación, Cultura y Sociedad”, a celebrar en el próximo mes de septiembre.

Fruto de esta línea se han registrado, a lo largo de los años, numerosas actuaciones y actividades en el campo de la cultura, significando muy especialmente la cultura en Segovia, protagonizados por la entidad, volcada en estos días en ese Curso de Pintores Pensionados que siempre ha sido acogido muy bien en Segovia desde que en 1948 llegó a ella, procedente de El Paular, para establecerse en el Palacio de Quintanar, adquirido por el entonces Ministerio de Educación Nacional. El Curso, cuya fama se ha extendido por todas las comunidades españolas, acoge cada año a destacados alumnos, antes de las Facultades de Bellas Artes, y ahora de las respectivas Universidades, que deberían apoyar con más decisión a esta actividad, como en tiempos lo hicieron mediante la creación de becas. Porque debe tenerse en cuenta que la Real Academia debe “ingeniárselas” para conseguir la necesaria financiación, cosa que afortunadamente viene logrando por la contribución de varias entidades oficiales e incluso de algunas empresas hosteleras de la ciudad, que con su aportación variada vienen contribuyendo al mantenimiento del curso, en el que colaboran generosamente los académicos y algunos especialistas ajenos a la corporación pero involucrados de lleno en esta actividad precisamente por su “amor a la cultura”.

El contenido del curso “entretiene” por jornada completa a los jóvenes artistas, pues alternan visitas guiadas a la ciudad con excursiones por la provincia, conferencias en la propia sede del palacio de Quintanar y, por supuesto, muchas horas de trabajo en el “exterior” a completar posteriormente con las que tienen que invertir en la sede para “redondear” cada uno de sus trabajos. Que serán expuestos, como es costumbre, en La Alhóndiga, el día 22, donde asimismo se entregarán diplomas y las correspondientes medallas para los cuadros mejor considerados por el jurado, siguiendo otra exposición de los pensionados en El Paular, lugar de nacimiento, como es sabido, de los Cursos. Y en cuanto a entrega de premios, el día 24 se hará también los correspondientes al quinto premio literario “Escribir sobre el paisaje”, que impulsa la dirección de la ya histórica Librería Cervantes.

Aunque, como es natural, los pintores celebrarán por su cuenta reuniones y fiestas, me vienen a la memoria las que antaño tenían lugar en la residencia con el nombre de Fiesta del Rollo, en la que los cursillistas lucían todo tipo de curiosas y variadas vestimentas, acto al que se sumaban pintores segovianos y amigos colaboradores de los cursos.