Miguel Velasco – Sánchez abrió el Melón de las exigencias de Torra (autodeterminación y amnistía)

50

Son muchos los signos derivados del comportamiento estratégico del presidente revalidado Pedro Sánchez (probablemente muy planificados) los que inducen a pensar que con la pantomima que significaba la Mesa del otro día con el presidente Torra, desposeído de su acta de diputado y cuestionado en su condición de presidente de la Comunidad Catalana, el presidente del Gobierno acaba de abrir el melón de las exigencias del catalán aunque la degustación de la fruta madura se haya pospuesto para otro día. Y con la recogida de las pepitas de las exigencias que acabarán germinando en su momento en un tempero cada vez más propicio para los díscolos. Otro día que seguramente no estará enmarcado en las fanfarrias y las alharacas de un recibimiento a cuerpo de extranjero como sin duda quería Torra que se visualizase la entrada de Pedro Sánchez en la arena de la notoriedad y del falso orgullo, aunque tal teatralidad tenga, casi seguro, periodo de caducidad dependiente del Supremo.

Algunos de esos signos de complacencia (que por otra parte no dejan de ser sino concesiones de mayor o menor calado hacia los soportes independentistas que sustentan el Gobierno) pueden verse en la complacencia con que se viene contemplando la situación de los prófugos de la Justicia; la intermitente aplicación de liberación de los presos del “proces” catalán (aunque sea limitada, por ahora); la pasividad con que el Gobierno indiferencia que muestra ante las ofensas y desprecios al Rey (y en consecuencia al Estado constituido como Monarquía Parlamentaria en que se hallan jugando y cobrando los anti); el anuncio de mayor autonomía financiera y tributaria; la pasividad con que se contempla la retirada de la Guardia Civil de Navarra y Cataluña, etc. o el cambio de actitud con respecto a Venezuela recordando el entusiasmo con que se aceptaba la posición de Juan Guaidó hace bien poco y el menosprecio con que se constató su presencia en España donde ni siquiera le recibió, pese al aval que le arropaba la magnífica acogida de los principales líderes europeos e incluso por el presidente norteamericano. Cambio de postura de Sánchez (ante la llegada subrecticia de la vicepresidenta de Maduro Deley Rodríguez al aeropuerto de Madrid-Barajas que dio lugar al bochornoso espectáculo del vicepresidente Abalos, cuyas contradicciones ni han sido aclaradas ni cuáles eran las intenciones de la susodicha) Ni tampoco ha sido aclarado si ese cambio de postura de Sánchez obedecía a determinadas indicaciones de Iglesias y su tropa (de presencia y actividad en Venezuela) opacándose así aún más algunos aspectos poco claros de tales relaciones.

Por si fueran pocos, los expertos en la información política añaden como signo más que visible para su blindaje el hecho del nombramiento por Sánchez para la Fiscalía General del Estado de una acérrima socialista, miembro del Gobierno hasta el día antes, lo que fue más que cuestionado no sólo por los partidos políticos sino por la propia Judicatura. En fin.

Estos datos no vienen a ser sino indicios de una posición cesionaria a dudosas exigencias separatistas de un rehén comprometido por un apoyo temporal hacia la presidencia del Gobierno y al filo de la inconstitucionalidad, que no ha hecho más que empezar.

Por eso cuando se habla de esas mesas de negociación no dejan de causar cierta perplejidad por cuanto que la interlocución se interpreta amputada, al menos, fuera de contexto por las exigencias irrenunciables por la parte más en precario y por los muros infranqueables de nuestro sistema democrático, difícil de saltar precisamente por el control de los vigilantes de la legalidad —además de la obligatoriedad del Gobierno— como representa la Justicia, todavía libre e independiente al servicio del Estado. Cualquier conculcación de su normativa legal habrá de ser perseguida y sancionada.

En todo caso no habría que olvidar que para dirimir cualquier controversia en el marco de la política plural constituyente existe una “única y ejemplar Mesa” de debate como representa el Parlamento. Y cualquier otra “Mesa” supondría negociar al margen de lo legalmente establecido. Por consiguiente no sé a qué viene tanto postureo con esas “Mesas de negociación” que a lo que únicamente conducen es a empañar la legitimidad del debate constitucional que ya tiene su foro. Y en todo caso a proporcionar un protagonismo respecto a posturas independentistas que, hoy por hoy, no tienen cabida dentro del marco legal que ampara a todos los españoles. Los límites están bien claros. Otra cosa es que las miradas envilecidas de una convivencia mal entendida no dejen ver el bosque a algunos.