Miguel Velasco – Paro en Castilla y Leon: 126.500 Oferta de empleo (Fresa) Andalucia: 100.000 Puestos

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Es de suponer que en el fondo del problema que según hemos conocido preocupa a los viveristas andaluces en el tema de recogida y selección de plantas de fresa en aquella Comunidad se venga haciendo y cerrando con la necesidad de más mano de obra que difícilmente van encontrando en cada campaña haya más connotaciones que las que afloran a bote pronto y a las que se unen las cada vez más estrictas medidas legislativas respecto a la producción (como el uso de desinfectantes,por ejemplo) y la disposición de medios de alojamiento dignos para los trabajadores, que acaben con la precariedad de instalaciones inadecuadas que se les proporciona.

Llama sin embargo la atención el dato facilitado por el Servicio Andaluz de Empleo diciendo que para la campaña que acaba de finalizar, se hizo una oferta de 11.900 puestos de trabajo (de los 100.000 que eran necesarios según los empresarios) de los que sólo se han cubierto 600, frente a los 50.000 extranjeros que viajaron a Huelva para cubrir los 90.000 ofertados en la campaña anterior. El tema trasciende, claro está, de la Comunidad Andaluza. Como dato decir que Segovia es una de las provincias más significadas en el cultivo de planta de fresa (Carbonero, Navalmanzano, Fuente el Olmo, Chañe,etc.) que este año –sin ir más lejos- han contado con más de 4.000 temporeros, entre nacionales y extranjeros si bien –como pasa en Andalucia- se enfrentan a ampliar la oferta hacia oros territorios sobre todo de Marruecos y vecinos por cuanto que ha descendido notablemente el vivero con que desde los primeros años contaban en los países del Este, hoy con mayor desarrollo social y económico que hace que la oferta española carezca de interés laboral de temporalidad.

Aparte, como decía “La calle” al principio, de otras connotaciones no parece escasa la incongruencia de que mientras se acuse en nuestro país una falta de mano de obra escasamente cualificada, se conozca la última EPA donde se refleja que sólo en Castilla y León se registre un paro de 126.500 personas (de ellas 2.631 en Segovia) que esperan sin duda alguna oferta de trabajo. No hay que olvidar tampoco que son casi 27.000 los beneficiarios castellano leoneses con Renta Garantizada de Ciudadanía que perciben unos 530 euros mensuales. Y, por otra parte, en el campo de refugiados y emigrantes, cuanto se gestiona desde el Plan CEPAIM (organización no gubernamental de acogida de refugiados) financiado por el Ministerio de Trabajo,Inmigraciones y Seguridad Social, cuyas ayudas personales pueden llegar hasta los 30 meses mientras se asegura su inserción social y laboral.

En consecuencia no parecería ninguna incongruencia pensar en que la oferta del Servicio Andaluz de Empleo (y en menor medida la de los productores de planta de fresa segovianos) pudiera tener algún atractivo laboral, aunque fuese de temporalidad reducida (con visos de ampliación a otra época como la veraniega hacia cuyos cultivos esperan abrirse nuestros viveristas). Sería una oferta más del abanico de posibilidades que se pudieran ofrecer a inmigrantes y desempleados nacionales desde los distintos sectores de la producción. Parece que no viene siendo fácil en nuestro país la creación alegre de puestos de trabajo y, menos aún, de la formulación de contratos indefinidos –a la espera de lo que pueda significar el nuevo rumbo que en el aspecto social y económico pudiera desprenderse de lo que se avecina en esa nueva perspectiva política de pactos y “progresismo” anunciados. Pero mientras tanto desde las actuales situaciones habrá que dar la bienvenida a esas ofertas de empleo (insisto,aunque sean temporales) que se ofrecen a los inmigrantes y desempleados desde los distintos sectores de la producción; obviamente mejorando en cuanto se puedan las condiciones laborales, económicas y residenciales, que acaben con la precariedad y abusos apreciada en muchos casos, que no son las más adecuadas.

No hay que echar muy atrás la vista para recordar aquellas corrientes migratorias de españoles no sólo hacia la temporalidad del empleo en la vendimia como en Francia, por ejemplo, o en los entonces boyantes focos de producción industrial en Francia, Alemania, Bélgica… donde se acogía a nuestros trabajadores. Y permítanme que a modo de inocente sonrisa recuerde la experiencia de un querido compañero (hoy en la lejanía del recuerdo) que con objeto de realizar una serie de reportajes sobre nuestra emigración en Europa fue contratado para vendimiar en una propiedad privada francesa donde tenía que estar cantando durante la jornada laboral para tranquilizar a la dueña de que no se comía las uvas. ¡Qué cosas!

Aunque el tema de hoy sea del pasado reciente, no deja de ser un indicativo tener en cuenta para la temporada que viene.