Miguel Velasco – Meritxell, Meritxel, andanos lista e imparcial

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A juzgar por lo que hemos visto, no parece que el inicio de esta XIV Legislatura haya sido un camino de rosas ni políticamente correcto para la reluciente presidenta Meritxell Batet (en un tiempo difícil, también hay que decirlo) puesto que incluso ya se la advertía previamente a las votaciones que se avecinaban y más aún en la perspectiva del acatamiento a la Constitución por parte de sus señorías (o lo que sea,en algunos casos) donde podría surgir –como surgió- una actuación deleznable por parte de algunos miembros del Parlamento que vulnerarían la reglamentación establecida para la Cámara, como ya fue advertido de antemano por la portavoz del PP. Tan es así de cuestionada esa naciente presidencia que antes de levantarse la sesión ya tenía sobre su mesa como aperitivo el anuncio de sendos recursos del PP y Vox por la subversión en la expresión efectuada respecto a la reglamentada fórmula de acatamiento por parte de independentistas-secesionistas, por lo que ambos grupos del PP y Vox –incluso el de Ciudadanos- estimaban que tales acatamientos de los diputados de Junt-per Cataluña, ERC, Bildu y el BNG, entre otros, debían considerarse jurídicamente inválidos y, por tanto, su condición de parlamentarios. Incluso ese recurso de invalidez se extendía a la propia presidenta de la Cámara y “todos los miembros de este Organo que apoyen la tesis de la Batet por la posible comisión de prevaricación administrativa”. Por tanto no era, desde luego el mejor inicio de una legislatura en paz.

Es de suponer (aunque es mucho suponer, según están las cosas) que todos los miembros del Parlamento conocen perfectamente la estructura democrática de la Constitución aprobada por las Cortes en sesiones plenarias del Congreso y Senado el 31-X-1978,ratificada por los españoles en Referendum el 6-12-78 ( con un SI del 91´,81%) y sancionada por SM el Rey ante las Cortes el 27-12-78, bajo dos parámetros imperiosos: el de acatarla y respetarla en su sustancia de democracia institucional. Y la fórmula de acatamiento era bien clara: juro o prometo.

De modo que como no era obligatorio asumirla si se tenía otro pensamiento político bastaba con que no se hubiera participado (como me imagino que habría muchos ciudadanos) en el juego político así diseñado. En consecuencia todos aquellos que se constituyeron en grupos políticos, participaron líbremente en elecciones democráticas para elegir a los miembros que ostentaran la representación de la ciudadanía y recogieron su acta de parlamentario (acreditando con ello su sueldo) por lo que se supone que aceptaban el procedimiento. Por eso venir ahora con las coletillas que escuchamos el otro dia de esos grupos díscolos con la reglamentación institucional es, cuando menos, decepcionante. En ese sentido, según se ha publicado, se escucharon “añadidos” a la escueta frase de acatamiento como “Por Euskal Herria libre”, “Por la República catalana”, “Por imperativo legal hasta la creación de la República vasca”, por imperativo legal hasta lograr una Navarra Soberana”, “con lealtad al 1-O”, “Por los presos políticos”, “Por la soberanía del pueblo catalán”, “Por la justicia social”, “Por la libertad de los presos políticos” o “Por las trece rosas”.etc-entre otras lindezas. Pues bien, no obstante la conculcación de la estricta y reglamentada fórmula de acatamiento, ratificadas por el Tribunal Constitucional en su día, la reluciente presidenta del Congreso Meritxell Batet declaraba válidos todos los acatamientos cuestionados y que, en consecuencia, accedían a su condición de parlamentarios tras utilizar fórmulas acompañadas de esas coletillas. Y si no estaban de acuerdo, tenían plena libertad para renunciar a su condición de parlamentario.

Vistas así las cosas, desde la esfera del hombre de la calle, no parece que esos comportamientos indignos con nuestra primera Ley de leyes sea un ejemplo de comportamiento políticamente civilizado como el que se supone del que deberían hacer gala sus señorías (o lo que sea, por lo que se ve) ilustrando en el mejor los casos a la ciudadanía para hacer más firme la convicción de lealtad a la Ley, la lealtad con la convivencia y la solvencia de la tropa política, hoy tan en entredicho. Y miren: esto no ha hecho más que empezar.