Miguel Ángel Herrero – El enemigo en casa

El Covid-19 es un peligroso enemigo invisible, que se multiplica rápidamente. En España el número de contagios se eleva a más de 33.000, y el de fallecidos asciende a más de 2.000, siendo Madrid la Comunidad más afectada. El virus se originó en China hace meses y ahora se propaga de modo implacable por los cinco continentes. En unas zonas geográficas con mayor incidencia que en otras. Por desgracia nuestro país ocupa el tercer puesto en el ranking de los más infectados, después de Italia y China. La humanidad se enfrenta a un invasor desconocido que aún no sabemos cómo vencer. Mientras los investigadores trabajan en producir un fármaco efectivo, la única estrategia disponible es evitar que crezcan los contagios: Pues el virus se reproduce aprovechando el material genético de las células que invade. Lo cual significa que hay que evitar al máximo las vías de infección y eso se logra con el confinamiento total. La tarea preventiva, desde luego, no es nada fácil. En algunos países como Corea o Singapur han actuado con bastante rapidez y eficacia. En otros países como Italia y España las medidas han resultado menos efectivas, porque se ha actuado tarde. Desde enero de este año, se conocía que se aproximaba una oleada de infección por el Covid-19. El gobierno no reaccionó como debía, incluso alentó una manifestación el 8 de marzo, donde aprovechando la fraternal efusión feminista, el virus se expandió sin miramientos.

La irresponsabilidad del gobierno socialcomunista recuerda a la actitud negacionista frente a la crisis económica de 2007, de Zapatero (hoy agente al servicio de Maduro). Es la misma actitud de engañar a la población para no desafiar con decisión situaciones de emergencia. Como recordaba en estas páginas el embajador Arias, las graves consecuencias de tales negligencias provocaron la gran catástrofe humanitaria de Chernobil. La ideología comunista prescribe “salvar” a la humanidad en su conjunto, sin ocuparse de los individuos (salvo de los dirigentes). Pero, esta pandemia es real y mortal, no es ideológica (el único terreno que conocen socialistas y comunistas). Tan real como las graves consecuencias de la falta de gestión gubernamental. Con los hospitales superados para atender a tanta gente a pasar de la colaboración desinteresada de la sanidad privada. Con tantos sanitarios y voluntarios convertidos en héroes de primera fila que combaten con escasez de medios. Por falta de previsión y de agilidad para distribuir el material necesario que se acumula en la aduana. Por la demora en recoger un cargamento de mascarilla donados por los chinos, que están desconcertados, ante la situación inexplicable.

No era fácil esperar otra cosa de Sánchez que tardó en declarar el “estado de alarma”, según está previsto en la Constitución. Pero no era imaginable que ante tal grave catástrofe, las facciones socialistas y comunistas del gobierno aprovechasen para disputas políticas a costa de toda una población en peligro. Están divididos y piden unidad a la gente. Con su vileza habitual el podemita aprovecha para criticar al Jefe del Estado y promueve manifestaciones en contra de la Monarquía. Le importa más liquidar el régimen constitucional del 78, que vencer la pandemia. Y dentro de esa subclase de antihéroes, el individuo que hace honor a su apellido pide que se rebaje un 40% el presupuesto de las Fuerzas Armadas. Tampoco podía faltar el torpe inhabilitado presidente de la Generalitat, que aprovecha para difundir falsedades sobre España en el extranjero.

En resumen, aquí tenemos que luchar contra dos tipos de enemigos. Uno es el que produce la enfermedad actuando según las leyes de la biología. El otro, es mucho peor. Éste último actúa desde los órganos institucionales del país. Es evidente que preparan una estrategia para después. Cuando la debilidad de la economía y el estado general de necesidad les sirva para ampliar los controles que reduzcan las libertades y derechos básicos. Propiedad privada, las libertades de expresión y educación. Sobre todo en estos graves momentos, España merece y necesita un gobierno solidario y leal con la población. Este es un gobierno insolvente y descompuesto. Pero en realidad, poco podemos esperar de quien denigra al Jefe de Estado y además desde el gobierno. En momentos difíciles de la historia de España, no han sido los cabecillas egoístas, sino el pueblo, los ciudadanos quienes triunfaron afrontando con valentía la realidad y desconfiando en ideologías falaces.