Miguel Ángel Herrero – ¿Bienvenido, Mr. Indra?

Con gran alborozo, la alcaldesa ha anunciado la instalación de la empresa multinacional Indra en el Centro de Innovación y Desarrollo Empresarial (Cide). El conocido edificio inconcluso y el único símbolo material visible del frustrado proyecto del CAT. Es de suponer que la noticia servirá para levantar el ánimo del equipo de gobierno municipal después del fracasado plan de los llamados “Presupuestos participativos”, que tuvieron una concurrencia del 4%. Una operación precipitada y de lavado de imagen muy criticada por la oposición. La candidata socialista a las próximas elecciones ha pregonado como un gran triunfo, este nuevo anuncio de un presunto contrato empresarial para el Cide. Si en realidad fuese algo más que un anticipo de promesa electoral, sería la primera vez desde 2007 que el CAT da algún fruto. O sea, la montaña parió un ratón, 11 años después de aquel cebo electoral que urdió el anterior alcalde junto con el entonces ministro socialista José Montilla; por cierto, hoy a favor de los presos golpistas. Aquel montaje serviría, aunque muy escasamente, para conseguir algún beneficio social, después de varias decenas de millones de euros malgastados, pero bien aprovechados por quienes han llevado a cabo una administración bastante mediocre.

Habrá quien piense que estamos de enhorabuena recordando la famosa película de José Isbert “Bienvenido Mr. Marshall”. También, habrá quien se pregunte con todo el derecho, si no se volverá a repetir la triste historia. Es decir, que estemos ante una promesa de futuro incierto. Por otra parte, es razonable preguntar: ¿no es extraño que una empresa multinacional decida alquilar un espacio en un edificio sin terminar? Desde luego, conociendo el terreno, no es seguro que ese proyecto se realice, si no hay un contrato en firme antes de las elecciones. De entrada, los representantes de la empresa anuncian su intención de instalarse en verano, o sea después de las elecciones. Por supuesto, antes el Ayuntamiento deberá terminar el edificio y resolver los últimos problemas conocidos sobre las expropiaciones. Teniendo en cuenta la opacidad habitual, es obligado preguntar ¿por qué no han cuajado otras gestiones que al parecer se han realizado? Ahora, precisamente, una multinacional ha aterrizado en el momento en que el gobierno socialista de Luquero pasaba horas amargas. ¿No habrá alguna variable oculta que lo explique? Dicen que la antigua empresa Indra tuvo su remoto origen en el INI y que, después de su parcial privatización, ahora está participada en un 18% por la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) dependiente del Ministerio de Hacienda. No es difícil entrever la operación de salvamento.

Tampoco se han dado muchos datos sobre la actividad que llevaría a cabo la empresa en cuestión. Los responsables, un tanto ambiguos, hablan de instalar “un centro avanzado de producción de software”. Por su parte, la alcaldesa asegura que la empresa en cuestión ha establecido contactos con centros educativos segovianos para localizar “perfiles adecuados entre los jóvenes segovianos”. Sin querer rebajar el nivel técnico de las jóvenes promesas, cabe preguntarse si los aventajados candidatos o candidatas estarán en condiciones de convertirse en expertos en software, cuando comience la producción.

Pero…, y si esta vez fuese en serio. Si no fuese otro cebo electoral como el de hace once años dirigido a una población pacífica acostumbrada a los incumplimientos, a las mentiras piadosas o impías y a un gobierno municipal que se mueve en la penumbra. Si la promesa es de buena ley, bienvenida sea la anunciada operación desembarco de Indra y su filial. Al fin y al cabo, el gobierno socialista habría cumplido en un escaso tanto por ciento, lo prometido con aquel engañoso proyecto del Cat. Una promesa que iba a definir un futuro glorioso para la ciudad (como ahora), malgastando en el camino varias decenas de millones de euros. De momento, la experiencia aconseja dar la bienvenida al desembarco con interrogantes y corregir el tiro en mayo próximo.