Miguel Ángel Herrero – ¿Amenazados por el Clima?

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La Tierra que habitamos es un sistema dinámico que nunca descansa. Desde hace 12000 años vivimos en un período interglaciar. Los tiempos geológicos se miden por milenios. Nuestro tiempo se cuenta por años. La Tierra tiene su propio ritmo y pretender alterarlo es tiempo y dinero perdido. Entonces, ¿por qué esa amenaza del “Calentamiento Global”? Todo surgió cuando en los años setenta nació el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC). Un organismo político dependiente de la ONU que informa sobre la evolución del clima en nuestro planeta. Desde que el acaudalado ex vicepresidente norteamericano Al Gore lanzó un vídeo alarmista sobre sus dramáticas consecuencias, la histeria colectiva no ha dejado de crecer. ¿Histeria consentida o inducida para provecho de algunos? ¿A quién beneficia la sofocante difusión de esta nueva religión laica?

Los científicos hablan de hechos naturales probados. Los políticos, sobre todo algunos se mueven por los votos. El IPCC reconoce que se dirige a los políticos, pero lo hace con apariencia científica. Su objetivo se centra exclusivamente en buscar la causa del aumento de temperatura en la atmósfera. Una causa que atribuyen al incremento del dióxido de carbono (CO2) producido por la industria humana. Se sabe que el CO2 es uno de los componentes naturales del aire y su influjo equivale a una ínfima cantidad (0,0004 por ciento). El IPCC sistemáticamente ignora otros factores que influyen en el calentamiento. No dice nada de los otros gases de efecto invernadero, que son mucho más abundantes, como el vapor de agua. También excluyen otros agentes naturales, como la incesante actividad solar, las nubes, las emisiones volcánicas y de los océanos. En contra de lo que harían los científicos, a los del IPCC no les interesa. Es más cómodo utilizar desde el despacho programas de simulación de ordenador. Durante un cuarto de siglo, las predicciones (profecías) que han hecho con ese procedimiento han resultado falsas. Y en lugar de desechar la hipótesis del CO2 la intentan encajar manipulando los modelos para dibujar un negro panorama que provoque alarma en la sociedad. Desde 1990, los cinco informes para políticos publicados por los agoreros del clima no han reflejado los auténticos resultados de los estudios científicos.

Así que, con el debido respeto a los creyentes en el Calentamiento Global, los alarmantes informes del IPCC no cumplen con los requisitos de una investigación científica solvente. Ahora, lógicamente la gran pregunta es: ¿a quién beneficia difundir (falseando) con tanta pasión y cuantiosas inversiones monetarias este nuevo mito? En primer lugar, hay que mencionar a los líderes políticos mundiales (el IPCC se dirige a ellos). Después, a un buen número de organizaciones ecologistas o afines que reciben subvenciones suculentas; los activistas de Green Peace hacen su agosto. También, son beneficiarios del montaje los partidos políticos de izquierdas, que disponen de una plataforma ideológica contra el capitalismo (una nueva versión de la consigna marxista ¡Nucleares, no gracias!). A rebufo del ambiente dominante, las grandes empresas encuentran un argumento de venta efectivo (cuidamos el planeta; salvamos el clima). “Todos con el clima” ¿quién se atreve a decir que está en contra? Es un argumento irrefutable. Si te declaras en contra del CC, estás perdido; eres un hereje y estás al borde de la exclusión social por conspirar contra la corrección política. Los jerarcas del planeta que administran el nuevo mito se crecen. Explotan el fervor y la comprensible credulidad de los más jóvenes, con un nuevo ídolo. Se llama Greta Thumberg es sueca, tiene dieciséis años y ha abandonado los estudios por la militancia ecologista. Está muy bien adoctrinada por sus progenitores que dominan la escena y la promoción; su madre cantante y su padre actor y productor. La joven Greta augura un punto de no retorno si en diez años no se llega a “cero emisiones”. Y eso sin asistir a clase desde hace años (¡qué ejemplo para los estudiantes!).

La alarma climática es un contundente argumento para controlar a la población. ¿Quién puede oponerse, cuando se trata de sobrevivir en un mundo en peligro? El doctor Sánchez en el discurso de su malograda investidura aludía al “gran reto de la emergencia climática”. Por no ser menos, el lehendakari declara “la situación de emergencia climática” (¿privilegio foral?). En la Unión Europea, la presidenta de la Comisión, Von der Leyen se alista a la lucha contra el CC. En la mejor época de la historia, con el imparable desarrollo científico y de protección del medio ambiente, nos están vendiendo un cuadro de la madre Naturaleza sombrío y antipático.

De nuevo, un fantasma recorre Europa. Recientemente, los progresistas han elevado el nivel de alarma. Ahora del “cambio” pasan a la “emergencia”, que suena más catastrófico. Con las palpitantes redes sociales, las simples palabras se convierten en ráfagas dañinas. Las organizaciones ecologistas bien engrasadas, agrupadas en Alianza por la Emergencia Climática (AEC) pretenden influir (coaccionar) rechazando el trasporte aéreo, las energías fósiles, promocionando a consultores medioambientales (o sea ellos) etc. Culpan a la actividad humana de las emisiones contaminantes, ignorando las masivas emisiones de los más de 1500 volcanes activos en superficie, por no hablar de los sumergidos bajo el mar.

A todo esto, los jerarcas mundiales que promueven las medidas contra el CC, no les preocupa el perjuicio que causan al crecimiento de los países en desarrollo, que producen energía con los mismos medios que, desde hace más de un siglo, utilizan los países occidentales. Pero a los ideólogos no les interesa el mundo real, dan la espalda a los problemas auténticos, mientras se afanan en rebajar unas décimas de grado la temperatura de la atmósfera. (o sea, quieren que deje de llover, sacando un paraguas). Además ellos no estarán en este mundo para comprobarlo. Tal vez, la joven activista sueca Greta, pregonera de malos augurios, seguirá viviendo del mito del Cambio Climático, mientras nuestro amable Planeta Azul continuará impasible cumpliendo su providencial misión.