María López – La plazuela del Alcázar de Segovia

Que en Segovia somos unos afortunados es algo que todo el mundo sabe. Nuestra ciudad alberga una herencia histórica y artística envidiable, lo que nos convierte en una de las ciudades más admiradas y visitadas de España. Obviamente, esta extraordinaria condición supone un privilegio que, sin embargo, no está exento de obligaciones y responsabilidades. Muy al contrario, implica, como nos recuerda la UNESCO, el deber de identificación, protección, conservación, rehabilitación y transmisión a las generaciones futuras del patrimonio cultural que custodiamos.

Por esta razón, aparte de disfrutar y presumir de Segovia, tenemos que ser muy cuidadosos con las consecuencias que acarrea la gestión de tal riqueza patrimonial, entre otras, una sobreexplotación turística, susceptible de derivar en la nada deseable turistificación o masificación del turismo que soporta la ciudad, o, por otra parte, disponer del máximo cuidado y control en toda actuación que se lleve a cabo.

En este sentido, actualmente se está acometiendo una intervención en uno de los espacios más singulares de la capital: la plazuela del Alcázar. El objetivo, como se puede consultar en la página web del propio Alcázar de Segovia (https://www.alcazardesegovia.com/licitaciones), consiste en las obras de remodelación de este espacio también conocido como plazuela de la Reina Victoria Eugenia. El tiempo, el impacto de los miles de visitantes que acceden al monumento y otros agentes han propiciado el deterioro de este espacio y su necesaria revisión.

Esta actuación es “posiblemente (de) la obra de mayor envergadura y complejidad llevada a cabo en el Alcázar en los últimos años”, como se afirma en la Memoria XXXVI Día del Alcázar (14 de junio de 2019). La gestión que el órgano rector del monumento ha venido desempeñando desde años puede tildarse de muy meritoria, puesto que ha sabido lidiar con el número creciente de visitantes y, al mismo tiempo, adecuar la eficacia y tecnología de las instalaciones a las necesidades actuales del recinto. Sin embargo, al plantear una intervención tan significativa en tiempo, espacio y presupuesto —varias fases para no impedir el acceso de los visitantes, planificación de los trabajos y un presupuesto de más de dos millones de euros—, me parece que se podía haber mostrado más sensibilidad respecto a dos cuestiones de la máxima importancia.

Por un lado, se echa de menos que un proyecto de este calado no haya estado expuesto al público o abierto a la opinión ciudadana, puesto que a todos concierne. Por otro, en las obras que se está ejecutando se minimizan las excavaciones arqueológicas, reduciéndolas a un carácter casi anecdótico en número y superficie excavada, cuando estamos ante un solar de una complejidad arqueológica como pocos en Segovia. Desde nada desdeñables restos prerromanos a las intervenciones del XIX, también se acumulan en este espacio los vestigios de la catedral románica de Santa María con todos sus edificios y estructuras asociadas hasta su mudanza en el siglo XVI, algunos como el antiguo Palacio Episcopal o la biblioteca proyectados por maestros de la talla de Juan Guas o Gil de Hontañón. Pero más allá del rico conjunto medieval, bajo esta plazuela se encuentra la canalización del Acueducto que llegaba hasta el Alcázar y del que no se conoce con precisión su trazado, lo que es no deja de ser preocupante máxime cuando hablamos del emblema de Segovia.

Pues bien, todo esto que hasta se podría amortizar con fines turísticos, adecuándolo como un parque o registros arqueológicos, o, por lo menos, informando y dando a conocer lo que esconde el subsuelo, va a ser cubierto con losas de granito tras la intervención, lo que dificultará el conocimiento. No obstante, confío en que todas las administraciones e instituciones implicadas garanticen a los ciudadanos la buena intervención, conservación y difusión del patrimonio que a todos nos pertenece.