Manuel Fernández Fernández – Admitimos pulpo como animal de compañía

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No sé por qué al leer en prensa las fórmulas que nuestros neo diputados emplearon en su juramento del cargo el pasado día 3 de los corrientes, me viene a la memoria un anuncio publicitario de antaño, de un juego de mesa llamado “Scattergories”, en el que el airado dueño del juego amenaza con llevárselo si no le admiten “barco” como animal acuático, y los compañeros de juego con tal de que no se lo lleve, no se lo admiten, sino que incluso terminan pasándole “pulpo” como animal de compañía…; todo con tal de que no se lleve el jueguecito.

Tal vez sea imbuido por las arbitrariedades que admite, o prevemos que va a admitir nuestro, en funciones, Presidente, con tal de poner sus posaderas en el sillón de Moncloa, que apenas unas horas después de afirmar que el peliagudo asunto de la que en principio decía rebelión catalana y luego dejó en secesión, hablaba de problemas de convivencia y luego se lo admitió como problema político, o dijo que no sería presidente a costa de cualquier cosa, y no rechaza apoyos de separatistas vascos y rupturistas catalanes, o afirmó que no pactaría con Iglesias (vaya apellido para D. Pablo) y seguidamente se dieron un emotivo abrazo que más parecían dos boxeadores sonados tratando de mantenerse en pie, o dos enamorados en emotivo reencuentro, tratos con los que en D. Pedro no tienen demasiado de extraño pues no ha rebatido la acusación de copia de buena parte de sus titulaciones y publicaciones, o al viaje familiar o con amigos en medios oficiales lo llama “secreto oficial”, tanto que cada jornada aguanta con franciscana paciencia que se hable de él como “Mr. Fraude…

O quizá esté yo más bien influido por las fórmulas empleadas por nuestros neo diputados el pasado 3 de los corrientes en el Congreso para tomar posesión del cargo.

Me parece que es un acto tan serio y trascendental como para exigir rigurosamente una fórmula que evite cualquier extravagancia, y menos un pulso a lo manifestado en la Constitución o ley de “todos”, acordada por “todos” y de obligado cumplimiento para “todos”. Por ello me repugna, al tiempo que asusta, lo que cada uno, con la tolerancia y venia de la Presidenta, socialista Dñª. Meritxell Betet, quiso jurar o prometer y juró o prometió, que más que el serio acto trascendental de la nueva composición de la cámara legislativa parecía un concurso de frases ocurrentes, o de amenazas y retos, lo que movió a los representantes de PP, Vox y Ciudadanos a advertir a presidencia de la ilegalidad e incluso su incurrencia en prevaricación.

La fórmula del juramento en las Constituciones occidentales es intangible y solemne y su incumplimiento supone la pérdida de condición de diputado; claro que España “is diferent”, pero “very, very diferent”.

En España desde 1970 se tenía la seria y completa fórmula de “Cumplir fielmente las obligaciones del cargo, con lealtad al rey, y guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado”. En 1979 se disponía que el Presidente preguntase al diputado: ¿”Juráis o prometéis acatar la Constitución”?, y el diputado respondía “Sí, juro”, o “Sí, prometo”. En 1990 se acordó acogerse a añadir “por imperativo legal”.

Sin embargo se han admitido como fórmula seria tal serie de despropósitos que darían para varias sesiones de monologuistas o profesionales del humor, si no fuese tema tan serio y trascendente, tanto que alguna de ellas me ha recordado a cuando de chavales jugábamos al rescate y al llegar a meta decíamos “por mis compañeros y por mí el primero”…, pues se ha jurado o prometido por España, por la república, por los presos políticos, por el mandato de 1.0…

El diputado por En comú podem, Gerardo pisarello, se ha despachado jurando por Las Trece Rosas, que lo mismo podría haberlo hecho por los 12 obispos, 4.184 sacerdotes, 2.365 frailes, 283 monjas, es decir, 6.832 víctimas del otro bando por su sola fe de cristianos…

Otros “por defender Galiza”, “por imperativo legal hasta la creación de la república vasca”, “por las clases trabajadoras”, “Teruel existe”, Juan Mena ha jurado en tono romántico “por un país en el que el amor gane al odio”, pues va a tener tajo en cada sesión…Alguno se ha sentido más dicharachero como el que promete “Para exigir el equilibrio territorial recogido en los artículos 138 y 139 y evitar que tengamos una España vaciada y una desarrollada, sí prometo”. Rufián juró o prometió “Por la libertad de los presos y el retorno de los exiliados y por la república catalana”; el diputado de Compromís utilizó la fórmula “Prometo defender los derechos legítimos del pueblo valenciano”; Laura López “Por un país verde donde todos tengan derecho a la vivienda”…

Como se ve cada nuevo diputado se alivió adjuntando al más o menos exigido “sí juro, o prometo” su particular coletilla, cada cual referida a su parcela territorial o ideológica, pero todas coincidentes en exigir lo que no contempla la Constitución, que a Cataluña y Euskadi seguirán Valencia, Baleares, Galicia…Por cierto algún leonés ya anda hablando de su autonomía respecto de C. y L, luego vendrá la uniprovincial de cada componente de la autonomía, hasta llegar, barrio de arriba y el de abajo, y después la autonomía de cada calle…Bueno, esperemos que todo quede en el circo que vimos en el palacio de los leones Daoiz y Velarde que cualquier día salen despavoridos para no presenciar lo que ven y oyen, y que alguien ponga cordialidad y juicio para bien de España y de “todos” los españoles, y la señora presidente de la cámara sea amable y condescendiente, pero con un poquito de rigor, y el presidente en funciones aspire a reunir los votos para su obsesiva residencia en Moncloa, pero sin llegar a conceder pulpo como animal de compañía para que no se lleve el scattergories, digo el sillón del palacete presidencial.