M. A. González y Palmira – Sí, existen soluciones…

No quiero seguir escuchando que lo peor está por llegar. Es como admitir que no tenemos soluciones en nuestras manos para atajar esta gran pandemia que asola la aldea global. Por eso, considero prioritario recurrir a una de las conclusiones que el Consejo Europeo sobre Seguridad define como postura oficial ante una crisis: “En un contexto nacional, como norma, el objetivo primordial de un Gobierno ante una crisis sería la protección de la vida de los ciudadanos de ese país.”

Pero analicemos qué caracteriza a una crisis:

-La existencia de un riesgo. Esta posibilidad estalla en China y se acerca a nuestro continente, con la sensación conocida por todos, mi vecino esta señalado, pero yo no percibo ese peligro. Esa fue la sensación que nos traslada nuestro gobierno en el fin de semana del 7/8 de marzo. Conclusión, no se quiso reconocer la existencia del riesgo. Aún en la fecha actual, no se quiere (no conviene) reconocer el error, y por tanto el riesgo corrido en las celebraciones multitudinarias de esos días.

-Sorpresa. La existencia de riesgos multidireccionales, difíciles de predecir, sorpresa, que va a exigir una toma de decisiones, donde el factor tiempo juega un papel absolutamente clave. Esté factor tampoco se activó por nuestros representantes públicos, NO EXISTÍA SORPRESA, existían certezas sobre la letalidad del Covid-19 y tiempo para reaccionar.

-Urgencia. Es otro factor clave en las gestiones de crisis, que debe exigir unos procedimientos ágiles para afrontarla. La primera medida es dotar sin dilación, de los equipos básicos de seguridad a los miles de profesionales que actúan de dique en la atención de todos los enfermos. A ningún mando militar se le ocurriría enviar a combate a los soldados del escuadrón de infantería sin armamento. Es absolutamente inaceptable que un porcentaje tan alto, más del trece por ciento, estén ya afectados por la enfermedad y el resto amenazados con sufrirla en breve por falta de protección y falta de respuesta desde los responsables públicos. Solo reconfortados con los aplausos que todos los días a las ocho de la noche les brinda la ciudadanía de una manera cariñosa y afectiva.

– Incertidumbre. Existirá acerca del lugar y el tiempo del desarrollo de un riesgo que podría desarrollarse en una crisis. En la actual pandemia global y particular en España, seguimos inmersos en un túnel donde no se atisba la luz, donde nos trasladan a futuro soluciones que no sirven para el minuto a minuto y esto requiere opciones flexibles para acomodarse a cada caso. El centro Nacional del Medicamento debería romper el gran corsé burocrático en su toma de decisiones, aspecto, que tampoco percibimos en los máximos responsables públicos.

– Intensidad. La intensidad con la que se van a manifestar estos riesgos es muy variable, y por lo tanto, exigirá un conjunto de respuestas perfectamente calibradas, ágiles y adaptadas al curso que nos marque la epidemia. La intensidad de la nuestra está absolutamente descontrolada, Madrid, Cataluña, Castilla La Mancha… y seguimos sin percibir el achatamiento de la curva. El Doctor Simón en su comparecencia diaria es incapaz de darnos una información lógica y creíble al curso que marca el virus, generando una sensación desalentadora para el conjunto de la ciudadanía.

-Presión. La presión siempre tiene un impacto en la capacidad de reacción, y no debe provocar la improvisación, por tanto, las opciones y procedimientos deben ajustarse a una respuesta prudente y consensuada. Por eso, mi gran interrogante se dirige hacia ese concepto mágico, que en política utilizan tanto nuestros responsables públicos, el “EL CONSENSO”. Ausente aquí desde el inicio de la crisis.

Nuestros grandes grupos estratégicos a nivel mundial, como Inditex, capaz de abastecer a nivel global y en plazos vertiginosos a todas sus plataformas logísticas, clave de su gran éxito, con gran experiencia en los mercados asiáticos, debería haberse integrado desde el inicio, al gabinete de crisis de nuestro Gobierno, como asesores externos y grandes expertos en logística. Pero desgraciadamente los componentes ideológicos, han cercenado esta posibilidad. ¿Cómo este GABINETE ACTUAL va a pedir ayuda a una empresa privada?, sería reconocer que nos colocamos en un plano de ineficacia, y esa es precisamente la parte que los ciudadanos no podemos admitir. Se nos intenta convencer SIN SER ASÍ, que esto no va de ideologías y despreciamos al mismo tiempo a los profesionales de mayor prestigio a nivel global, pero inservibles DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL GOBIERNO, para solucionar aspectos sensibles de este apocalipsis que estamos viviendo.

El de Inditex solo sería un ejemplo, pero si podíamos mirar a otras industrias como la distribución, la automoción, las grandes empresas tecnológicas, las químicas, las empresas de logística españolas etc. Debería ser el objetivo obligatorio al día de hoy, conformar grupos de expertos en diferentes ámbitos, con experiencia contrastada, que fueran capaces de desbloquear un caos en la cadena de suministros, que en la actualidad y entre otras carencias, han dejado desprotegido a todo el sistema nacional de salud.

Este objetivo es sencillo de entender, donde sería muy factible el “CONSENSO “a la hora de incorporar profesionales de gran prestigio y capacidad de gestión, ni siquiera se contempló esta posibilidad desde el inicio de esta crisis, se imaginan ustedes al capitán de un barco en colisión con un iceberg, discutiendo durante siete horas con su tripulación qué medidas se deberían tomar ante tal emergencia. Ese protocolo de crisis del que el Consejo de Seguridad hablaba no existía en la mesa de nuestro Consejo de Ministros, por eso, la ciudadanía española con los profesionales de la Salud a la cabeza, se merecen otro trato distinto. Los pasajeros de este barco, llamado España, se comportaron desde el minuto uno con una educación exquisita, responsable y serena, solo necesitábamos saber cómo efectuaría la evacuación y por qué orden de prioridad.

No es tarde para analizar con rigurosidad las necesidades urgentes y de una manera desagregada optar por dotar a ese gabinete de crisis de lo mejor que tiene nuestro país, que es su gente.

Desgraciadamente y una vez más en estos últimos tiempos, los populismos afloran y de una manera más visible en situaciones tan excepcionales como las actuales. ¿De qué nos sirve una renta mínima garantizada, si no somos capaces de proteger a los profesionales que nos protegen? Nuestra constitución contempla la declaración de un Estado de Alarma como el actual, lo que no nos dice, desgraciadamente, es como deberíamos actuar si uno de los más altos representantes públicos tiene el descaro de saltarse la cuarentena que se le exige al resto de la ciudadanía.

Sencillamente inaceptable…