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La crisis económica de 2008 terminó por dañar seriamente los sectores de la madera y la construcción en nuestra comarca. Algo más de una década después, cuando apenas estábamos remontando la situación, los problemas derivados de la pandemia que padecemos amenazan con cebarse con la hostelería y el comercio. 

Cabría preguntarse cuál fue la aportación de aquel  gobierno local para recuperar el terreno perdido; o cuál fue el plan de futuro que nos hiciera dependientes de otro tipo de sectores.  Probablemente se optara por sobrevivir  y no por un futuro, esperando que la atención de los dioses nos fuera favorable.

Hoy el panorama  es muy similar. Desde los ayuntamientos  se han aportado  más soluciones  improvisadas, también  acertadas, como  la transigencia con las terrazas hosteleras que  el empeño por  buscar recursos  que revitalicen y solidifiquen la vida social y económica local.  La convicción errónea, allá por el  mes de marzo, de que esta situación no nos haría tan vulnerables, nos ha alejado de la realidad.

Urge un camino que seguir hacia otro futuro ya que es muy probable que después de esto, como hace una década, nada vuelva ser igual. Y es que, por muy buen tiempo que haga, como la lluvia no descanse en un buen sembrado, no se recogerán luises de oro.