La navidad no la viven todos por igual

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Señora directora:

En esta vida nada ni nadie dura y permanece para siempre, así es como la dicha, la alegría, la felicidad de un momento a otro pueden agotarse y terminar. Esto ocurre también en Navidad, los deseos de paz, cordialidad, solidaridad que recibimos unos para otros tienen fecha de caducidad, permanecen lo que dura la pascua navideña, escasos trece días (desde el 25 de diciembre al 6 de enero), aunque los comerciantes estiren estas fechas desde principios de noviembre, incluso alguno llega más lejos y lo comienzan en la segunda quince de septiembre, a este ritmo nos vemos felicitándonos las pascuas en julio. ¡Cómo viviríamos todos si estos deseos piadosos navideños se hicieran realidad todos los días del año!

Son estos días los que recuerdas las vivencias de antaño, lo poco que te quedó de cuando eras pequeño, de esa alegría sana y abierta que se respiraba en la tierna edad escolar, cuando íbamos a buscar musgo para el nacimiento que se instalaba en el cole ¡con qué poco éramos dichosos!

La nota estelar de esta bonita época, o mejor dicho las escasas horas que comprende la noche del 24 de diciembre, la posee sin duda la Noche Buena. En este espacio nos deseamos todos pasar una feliz y buena noche, que gocemos y lo pasemos bien, olvidándonos de que hay personas que por infinidad de motivos y circunstancias –soledad, enfermedad, abandono e incluso la más absoluta indiferencia- no celebran ni manifiestan esa euforia festiva porque su existencia actualmente no les depara alegría alguna.

A todas ellas, precisamente, va dirigido este breve mensaje-recuerdo para alabar y engrandecer su valor, templanza y paciencia por enfrentarse día a día a los avatares que con ellos se ensaña la vida en estos días y durante perniciosas épocas del año, con la única esperanza que albergan constantemente, y ahora con más fuerza si cabe aun, para que el misterio de la Navidad haga realidad sus deseos y súplicas y palíe, ayude y conforte sus sufrimientos y miedos.

Pedro Mínguez Jimeno