Julio Montero (*) – Trabajar bien para sentirse bien – Como ser un buen homo sapiens (6)

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Me hacen gracia los movimientos modernos que buscan volver a modos de vida primitivos. Como si el “homo sapiens” cazador y recolector que correteaba por las praderas primigenias fuera el ser más feliz y sano del mundo. No hay modo de averiguar si era feliz. Pero es seguro que no era más sano. Por mucho que su dieta rica en frutos del bosque y en todo tipo de vitaminas y fibras le facilitaran el tránsito intestinal, que como enseña la publicidad es el mejor indicador de alegría y satisfacción corporal. Lo malo es que su vida media andaba por los treinta años. En fin, que se morían a bastante velocidad y eso, lo diga quien lo diga, no es nada sano, por muy regulares que fueran sus deposiciones.

El buen salvaje, era, sobre todo, salvaje. No es extraño que por mejorar su condición acabara viviendo en ciudades o por lo menos en pueblos. Es evidente, como dicen los defensores del pacífico recolector de bosques y sabanas que las epidemias causaban mayor mortalidad en las ciudades; pero para liquidar al grupo tribal que comía nueces y arándanos no se necesitaba ni epidemia. Bastaba con el hambre y la resistencia de algunos animales más grandes a convertirse en proteínas del sapiens.

En cualquier caso, el recolector erguido también trabajaba: recolectaba. Y puede que hasta algunos avariciosos almacenaran y acabaran domesticando bichos (quitándoles la libertad) y cultivando lo que más necesitaban (que no fueron las almendras, moras y otras bayas riquísimas en fibra, alúminas y en vitaminas). Y ahí empezaron todos nuestros males. El hombre empezó a vivir más y a vivir mejor (desde luego mientras unos explotaban las plusvalías de otros) y aquella especie escasa y feliz de fértiles valles y bosques de parque natural se puso de pronto en siete mil millones de individuos. No hay nada como no morirse para empezar a vivir. Y no hay nada como trabajar para no morirse.

Algunos piensan que el recolector primigenio se limitaba a alargar su mano a la manzana y seguir en perpetua tertulia tribal bajo la sombra del árbol. Pero hasta estos seres tan felices se ha demostrado que trabajaban bastante. Tanto que los arqueólogos para dilucidar si unos restos son humanos atienden primero a las posibles “industrias” que aparezcan por allí: puntas de flecha, hachas y cosas por el estilo, que tienen que ver impepinablemente con el trabajo. En fin: que no hubo una época feliz de la humanidad en que sus individuos no trabajaran; más bien, gracias al trabajo, la gente empezó a ser feliz.

Y por ahí hemos seguido. Nuestros modos habituales de vivir están llenos de trabajo. Y de estos trabajos, el que mas tiempo nos ocupa es nuestra actividad profesional. Durante siglos, mucha gente, ha trabajado en lo que le gustaba. Al menos en lo que mas le gustaba de lo que estaba su alcance. Y si no, procuraban conformar su actividad pensando que ayudaban a que algo funcionara: una solidaridad al alcance de todas las gentes. En fin: todos hacíamos algo útil, o podíamos hacerlo, con nuestro trabajo.

Ahora parece que el trabajo importa por el salario. Porque con esas ganancias podemos dejar de trabajar un rato todos los días; unos días cada semana y unas semana al año. Trabajamos para dejar de trabajar. Trabajar para olvidar el trabajo: para poca solidaridad da ese enfoque. Lo que importa así es pasar el tiempo de modo divertido, y se busca convertir la vida en una fiesta al alcance de nuestros sueldos.

Cuando el trabajo no llena, o carece de sentido, algo va mal: trabajos insatisfactorios, o personas insatisfechas, o de todo un poco, o un mucho. Esos insatisfechos dan miedo. Sin interés no harán bien su trabajo y terminar las cosas mal es peor que no hacerlas. Desde luego es una faena para los que vienen detrás por el trabajo suplementario que les colocan. El trabajo hay que hacerlo bien guste o no. Ha de asumirse con plenitud y no actuar como niños de guardería. Primero, porque nos pagan por ello (aunque no sea mucho). Segundo, porque el hacerlo bien nos mejora. Tercero, porque así no amargaremos la vida a los que vienen detrás. Y sobre todo, porque cuando se trabaja bien, se acaba por encontrar sentido a lo que se hace y uno se siente orgulloso de ello.
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(*) Catedrático de Universidad.