Julio Montero – Televisión, COVID y bikini

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En aquella España machista de los sesenta, en Sevilla más en concreto, había un profesor de física en un instituto de enseñanza media (como se decía por entonces) al que llamaban “el bikini”: porque, contaban, enseñaba todo menos lo esencial.

Nuestras cadenas de televisión de la una a la sexta, y supongo que igual pasará con las autonómicas, les ha dado ahora por transformar en clases sus informativos. La materia que se enseña es única: COVID19. Desde luego tienen (o han tenido) el interés asegurado. Nunca se podrá decir con mayor exactitud que se trataba de una asignatura de vida o muerte. Aquellas presentaciones tan típicas de la universidad (y en tiempos hasta de colegios e institutos) en las que cada profesor se afanaba en demostrar cómo y por qué su disciplina era la más importante (o al menos de las principales) han sobrado ahora en estos improvisados centros de enseñanza a distancia que son los platós de televisión.

El nuevo profesorado lleva una enorme ventaja sobre el que pululaba por las viejas aulas ahora abandonadas: son agraciados de rostro, van muy bien peinados y tan estupendamente maquillados que no se les nota el arreglo. Son simpáticos y tienen casi siempre un discurso fluido, agradable, comprensible.. y apenas se nota que lo están leyendo en un prompter. Tampoco perciben los estudiantes (matriculados sin saberlo) que la clase se la han preparado otros. Ese fluir de invitados que dan testimonios calculados y preparados, que refuerzan siempre las afirmaciones del profesor desde el estudio, y que aparecen como invitados en el aula, corresponsales en los lugares exactamente precisos, o materiales audiovisuales complementarios está perfectamente orquestado por todo un grupo de profesionales bastante buenos en lo suyo: la televisión, el entretenimiento, el espectáculo.

El resultado son unas clases bastante caras. De hecho el gobierno ha tenido que subvencionarlas y se dice que le están costando una millonada (en realidad varias millonadas). Quizá por eso le faltan recursos para subvencionar otras enseñanzas no tan técnicamente perfectas. Y aquí, hay que reconocerlo, no ha distinguido entre centros (o cadenas) estatales y privados. A todos los ha tratado por igual. No se sabe (al menos yo) si la subvención se ajustaba a audiencias o a calidad de las clases. Probablemente esto último justifique que se hayan establecido controles para valorar si el profesor lo hace adecuadamente o no: es verdad o es un bulo. En fin, una inspección en toda regla, como en los tiempos antiguos.

Mientras tanto los profesores de verdad, los que preparan sus clases, tienen que enfrentarse a una webcam casera, y como han estado cerradas por orden superior las peluquerías, no se han podido arreglar salvo lo que da la artesanía doméstica. En fin. ¿cómo enamorar así a la cámara?, que es el mantra que repiten todos los que no han dado en su vida una clase on line y se presentan como sabios asesores del pobre docente.

No te digo, además, con las clases entretenidas. Parece que ahora no se puede ser buen profesor si no eres capaz de mantener atentos a tus estudiantes. Lo curioso es que los nuevos portentos de la educación identifican mantener la atención con hacer las clases mas divertidas, más llevaderas, más entretenidas…más distraídas. Si no eres experto en guiñol al menos ya no puedes ser buen profesor. En esa carrera hacia la clase llevadera, cada vez cabe menos materia para explicar y no es extraño que los estudiantes vayan sabiendo menos. Pero eso no importa, porque lo fundamental es que sepan buscar la información y donde acudir (la Wikipedia) para poder “copiar y pegar” en los trabajos creativos que sirven para evaluarlos de manera continuada y objetiva.

Pero vayamos a los brillantes y acicalados nuevos docentes. Nadie les gana en credibilidad. Pero nos han dado un montón de datos sobre una materia, el COVID, de la que cada vez sabemos menos. La última es la bomba: nos dijeron que todos pasaríamos por ser huéspedes del puñetero bicho; luego que solo el 80%; pero que únicamente un porcentaje mínimo tendría efectos graves y de estos ni siquiera la cuarta parte pasaría por cuidados intensivos y de ellos solo unos pocos morirían. Ahora resulta que solo lo han pasado el 5% de la población y eso nos está costando 30.000 muertos.

Desde luego la asignatura del coronavirus que nos han dado los docentes guapos de la televisión parece que la ha impartido el sevillano del principio: nos han enseñado todo menos lo que importaba; aunque no ha faltado el entretenimiento. Es lo que tienen los bikinis, logran fijar la atención.


(*) Catedrático de Universidad.