Julio Montero – La tecnología siempre es nueva

En realidad nadie sabe cuál fue la primera nueva tecnología. La gente habla de la rueda o del fuego. Desde luego tiene más probabilidades el fuego, porque muchas civilizaciones y culturas brillantes transoceánicas no llegaron a su descubrimiento, al menos a su aplicación práctica. Pero siempre he pensado que la nueva tecnología primordial debió ser una rama que sirvió para acercar un fruto al Homo sapiens cómodamente tumbado a la hora de la siesta. Pienso que tengo razón porque hasta los simios más inteligentes han sido capaces de ese salto tecnológico.

Aquí lo importante es que la tecnología es el fruto más habitual de los seres humanos, aunque no en tanta cantidad como la basura que generan. Lo curioso es que el sapiens que debería llamarse productor de detritus (desechos, desperdicios), “Homo detritense”, le conocemos como “habilis” (hábil), “faber” (fabricante, artesano, tecnólogo) o cualquier otro calificativo que siempre nos pone en buen lugar.

De entre las paradojas de la vida, una de las mejores es que los investigadores de nuestra prehistoria se dedican a husmear entre basura y cementerios como eran nuestros ancestros y lo que más nos importa de la evolución de los humanos son sus logros tecnológicos, especialmente los ligados a la guerra, al ejercicio del poder por la directa: mejores espadas, carros de combate, mejores murallas, modos más violentos de acabar con ellas… en fin: las cosas básicas desde que desaparecieron los dragones, los elfos y los hobbits.

La cuestión es que el hombre siempre ha sido tecnólogo y las tecnologías siempre han sido nuevas al nacer. Dicho de otro modo: no hay tecnología que no haya sido nueva. Podríamos afirmar con pleno acierto que las nuevas tecnologías ya no son lo que eran. Toda tecnología tiene su punto de novedad en un momento determinado: ¡hasta la locomotora de vapor fue una tecnología rompedora! De hecho, los inevitables enemigos de los avances en este campo tan humano suelen repetir sus argumentaciones de resistencia a lo largo de los años con una reiteración conmovedora. Por ejemplo, un cuadro de eminencias médicas mostró su certeza de que el viajar a casi 30 kilómetros por hora causaría graves trastornos en la salud. Y luego pasó con los coches y más adelante con los aviones y después con la exploración espacial. Esa es una de las constantes que se han esgrimido tradicionalmente para parar las nuevas tecnologías: sus efectos negativos en la salud humana: ¡siempre, la salvaguarda de la salud!

Por eso deberíamos dejar de utilizar el término “nuevas tecnologías”. Primero, porque es una redundancia: las tecnologías de las que se habla normalmente son ya nuevas. Por eso tienen interés y por eso se habla de ellas. Nadie hace centro de su conversación al fax como de una nueva tecnología. Sin el de Messi nadie sabría lo que es. Ni siquiera hay que llamarlo tecnología: basta decir fax, y naturalmente explicarlo si hay gente joven delante, porque no saben ni qué es. Y los pobres abogados tendrán que aprender que es el blockchane y hasta el burofax acabará en el museo de las tecnologías antiguas.

Segundo, porque las nuevas tecnologías se nos hacen viejas cada vez a mayor velocidad y eso hace que los que se dedican a la publicidad y al marketing tengan que inventarse términos nuevos que lo único que consiguen es incrementar la confusión. Por ejemplo, en 2010, se puso de moda hablar de tecnologías emergentes. Era un modo gráfico de referirse a algo tan nuevo que aún no había acabado de nacer: se estaba gestando.

El problema era que una vez nacida y comercializada no se sabía si pasaba a ser solo nueva. Más aún corría el peligro de establecerse una escala de antigüedad de las nuevas tecnologías: se empezaría con tecnología, se seguiría con nueva tecnología y se culminaría con las tecnologías emergentes… pero exigía empezar a buscar otro término para las que se empezaban a diseñar y no llegaban a buen puerto: ¿qué tipo de tecnología serían las gafas de Google que no acabaron de pasar del prototipo?

En fin: si nos limitamos a hablar de tecnología para mencionar innovaciones de última hora en la aplicación práctica de avances científicos, todos sabrán que nos referimos siempre a una nueva. Y sabremos que ya no lo es cuando la gente empiece a llamarla por su nombre: máquina de vapor, motor eléctrico, teléfono, ordenador, etc.