Juan Carlos Domingo Pinillos (*) – Los otros efectos de los incendios

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Hemos sufrido con horror la devastación del reciente incendio en los montes del Real Sitio, y ante esta tensa calma, aún queda un arduo trabajo por realizar durante un tiempo, ya podemos empezar a pensar en las otras afecciones que provocan los incendios, (Según datos del MAGRAMA, en 2016 se registraron 8.817 incendios forestales que afectaron a 66.000 hectáreas). Es normal que en ocasiones, estos otros efectos que produce un incendio sobre el suelo pasen más desapercibidos por no estar a la vista, pero son tan importantes como los que se ven en la superficie, afectando al suelo, subsuelo y el medio hídrico, principalmente ríos y acuíferos.

Este tipo de otros efectos nocivos, es un asunto que los científicos ya venimos estudiando desde hace tiempo, como por ejemplo el estudio realizado por científicos portugueses Ferreira et al., (2011), donde comenta el impacto de los incendios forestales en el ciclo hidrológico, y se pone de manifiesto los peligros que las escorrentías de aguas de lluvia producen en el suelo y subsuelo. Un efecto directo provocado por el fuego, es la mineralización de la materia orgánica superficial que puede ser transportada por la escorrentía, y otro efecto provocado por la pérdida de la masa vegetal, es la mayor erosión que producen estas escorrentías, ya que cambios en la hidrología y geomorfología de las cuencas pueden producir efectos terribles debido a las crecidas de los ríos y arroyos.

El fuego también produce cambios físicos y químicos en el suelo, que favorecen que las aguas de escorrentía lleven una mayor cantidad de nutrientes que desembocan en ríos, arroyos, estanques y embalses de las zonas aguas abajo no afectadas por el fuego, siendo al final la zona de afección mucho más elevada que la simplemente afectada por el propio incendio.

Uno de los efectos más directos sobre el suelo es la aparición en mayor o menor medida de la capa hidrófoba, al alterarse la composición molecular de la materia orgánica por altas temperaturas, que hace que el suelo sea más impermeable evitando la infiltración de agua y que esta, al no infiltrar, vaya ladera abajo arrastrando tierras, materia orgánica y cenizas, contaminando el agua y dañando el ecosistema acuático. Pero además de afectar a las aguas superficiales por la turbidez causada por las escorrentías, también los acuíferos pueden sufrir efectos negativos debido a la falta de infiltración de agua, y por lo tanto, tendrán reducida su capacidad de renovación con el descenso de sus niveles piezométricos con la posible pérdida de calidad de sus aguas. Con similares líneas argumentales existen otros trabajos como el realizado por Domínguez J, (2017).

Y al igual que los efectos de los incendios en el suelo, que se perciben menos por las personas, les pasa a las afecciones de las aguas subterráneas, las históricamente olvidadas. Existen estudios científicos que han desarrollado metodologías que permitan evaluar los daños que un incendio puede ocasionar a las aguas subterráneas de un entorno. Para ello, un grupo de investigadores del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), estuvo trabajando en el Sureste español estudiando estos efectos mediante la existencia de una red operativa de muestreo en el subsuelo de la zona objeto de estudio. Este trabajo ha puesto de manifiesto “la modificación sustancial de la composición de las aguas subterráneas por la infiltración de las cenizas a los acuíferos”, y esta metodología ha permitido traducir los daños del incendio a €/m3, con la que ya trabajan varias Confederaciones Hidrográficas.

Queda claro por lo tanto, que los incendios afectan tanto a las aguas superficiales como a las subterráneas. Cerca del 3 % de la superficie de acuíferos de nuestro país en los últimos 18 años, ha sido afectada por incendios forestales, que con la problemática actual del cambio climático, la previsión de la producción de incendios forestales aumentará su frecuencia.
La naturaleza en un entorno no antropizado, puede tardar entre 40 y 1000 años en formar 1 cm de espesor de suelo fértil según la FAO, por lo que es un proceso largo y complicado. Según el proyecto (Ashes to life, 2019), “el suelo es un recurso natural no renovable a corto y medio plazo”. La pérdida de la fertilidad y la actividad biológica afectará negativamente a los ciclos biogeoquímicos de elementos interrelacionados con plantas, animales y otros organismos dependientes del suelo.

Estados Unidos es otro país donde sufren frecuentemente grandes incendios forestales, y donde entre las medidas realizadas para el control de la erosión, emplean troncos cruzados en el suelo en el sentido de la escorrentía formando pequeños canales, o siembras estratégicas. Existen otros muchos métodos de mayor o menor efectividad como el Mulching (extensión de paja sobre las laderas quemadas) para ayudar al suelo ha aumentar la capacidad de absorber agua.

En muchos casos, el disponer de una masa de agua importante como los embalses, lagos y estanques en los entornos de bosques y grandes masas arbóreas, proporciona una simbiosis favorable para un enriquecimiento medio-ambiental de todo el entorno, pues el bosque no pervive sin el agua y viceversa. Existen muchos informes científicos que ponen de manifiesto, que la existencia de una masa de agua dentro de un entorno natural arbóreo genera sinergias ambientales favorables. ¿Si no hubiera estado el embalse del Pontón Alto tan cerca del Monte, la resolución de superficie afectada hubiera sido la misma?

Gracias a todo el mundo que estos días ha estado y aún está, de cualquier manera, ayudando a la extinción del fuego y otras labores complementarias, aquí y en cualquier otro lugar. Son tantos, gente anónima y otros más conocidos, a todos sin distinción posible, gracias y mil veces gracias. Es grato oír la voz unánime de la humanidad ante las catástrofes y sentir ese Tsumani de cariño hacia los montes del Real Sitio, ya que este incendio felón es una catástrofe sin duda. Las lágrimas cayendo en el teclado del ordenador, no distorsionan lo suficiente la figura de las letras para evitar que siga escribiendo. Hoy sí me siento mejor. (Alea jacta est).
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(*) Presidente de la Asociación para la Investigación del Agua y Medio Ambiente.