Jose María Martín Sánchez – Los Canónigos denuncian sus malas condiciones de trabajo

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Sitúense alrededor de las teas (1) en esta tarde de tiempo climatológico preinvernal y se entretenga quien estas líneas leyere con la descripción de sucesos, hechos y aconteceres, de los que ahora se cumplen quinientos años, más/menos, que tuvieron lugar en esta ciudad. Oséase, Segovia.

Hubo un tiempo, siglos XV y XVI, en que la antigua catedral, la de Santa María, la ubicada en la plaza del Alcázar, no pudo mantener sus prestaciones por el deterioro del paso de los años, acrecentado por el lamentable estado en que había quedado después de los disparos —tira tú; respondo yo—, de los comuneros desde dentro del templo y los que llegaban del castillo, dirigidos por los que apoyaban las “tesis” del Rey.

La catedral no salió bien parada y encontrar lugar para curas, canónigos, racioneros (2), medio racioneros (prebendados) (3) y capellanes, que tenían como obligación la de asistir a los actos litúrgicos diarios, y su número podía superar los 120, era harto difícil, pues la catedral nueva estaba solo en el pensamiento de algunos.

Antes incluso de la Guerra de las Comunidades, ya en el año 1498, los canónigos se habían trasladado a la iglesia de San Andrés. Que no era solución para sus necesidades.

Otro intento:
—“Puede que si vamos a la plaza de San Miguel (la Plaza Mayor de ahora), y alquilamos, escrito en términos coloquiales, la iglesia/convento de Santa Clara, podríamos solucionar el problema”.
Tampoco. Tan “apretujaus” (4) estaban, tantas dificultades tenían para realizar sus funciones, que el Cabildo se reúne (“y no sé dónde, y no sé cómo…”) y piden a uno de ellos, Juan de Pantigoso, (de los notables de la antigua catedral), que en nombre de todos dirija un escrito al obispo (5). Texto que se convierte en todo un memorial (6). El señor canónigo fue claro. Por si lo dudan, lean:

—“…Llevamos, señor obispo, tres años juntándonos dentro de una choza. Tan pequeño es el espacio, que para entrar unos han de salir los otros dándose de empellones; en verano (asados) de calor y en invierno muertos de frío y llenos de lodo; arrastrados por suelos… sin coro y sin sillas… sin campanas competentes para tañer las horas teniendo que estar a campana prestada, que es la del santo Andrés…”.

Pantigoso —que no se mordía la lengua—, continuaba con letra clara exponiendo lo que el Cabildo pedía, porque no tenía:
“… Sin (apenas) altares y capillas, no se pueden decir las misas que son obligadas, por cuya falta hay muchos días que están revestidos siete u ocho sacerdotes esperando la vez, y algunos se marchan por no haber lugar…”

Los cristianos saben ¿saben?, que los sermones en la iglesia se pronunciaban, principalmente, en las fiestas de guardar. Y, claro, si no había espacio ni lugar, pues los que tenían que sermonear…

Pantigoso se lo “contaba” al obispo con estas frases:
“…Los días de sermón (7) como estamos en la plaza, en medio de la ciudad y concurre mucho pueblo, como la iglesia es pequeña, o los que entran se han de ahogar o nos hemos de salir a la plaza con el púlpito y altar, que llueva, nieve, y que hiele o apedree, porque dentro es imposible hacerse oficio ni oírse el sermón, según el rumor, gritos y vocerío de la gente…”.

Luego, pasados ya los tres años y más, el obispo inicia gestiones. Unos decían que arreglar la catedral —con un coste tremendo—, el Rey zanjó el tema: “se construirá una nueva”. El proceso fue largo y costoso. Pero ahí está, ahí está majestuosa viendo pasar los tiempos.

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(1)Astillas resinosas de madera.
(2)Dignidad, canónigo o racionero de alguna iglesia catedral.
(3) Prebendado inmediatamente inferior al racionero.
(4) Oprimirse varias personas en un recinto reducido.
(5) Diego Ribera de Toledo. Durante la Guerra de las Comunidades se marchó de Segovia. Cuando regresó se encontró la catedral destruida. Entre 1512 y 1543 obispo de la diócesis. Puso la primera piedra de la catedral nueva el día 3 de junio de 1525. Dando ejemplo, vendió sus propiedades y entregó el dinero para comenzar la obra.
(6)Papel o escrito en que se pide una merced o gracia, alegando los motivos en que se funda la solicitud.
(7) Sermón: Amonestación o represión insistente y larga. (RAE) Ej. La del padre al hijo/hija.