José María Martín Sánchez – Iguala, trueque y el valor de la palabra

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“Hace algún tiempo en ese lugar…”, Cantares, J.M. Serrat.

La iguala (1) ¿contrato de palabra? era “cosa” de gran utilidad a través de los siglos pasados llegando hasta bien entrado el XX. Fue tanto costumbre como necesidad. El que podía, económicamente, lo “firmaba” y los que no, aún necesitados, lo veían sin entender. Los servicios que prestaban las instituciones eran mínimos y ponerse un inyectable (con receta médica), si es que no disponías de iguala, podía ser una odisea y algunos kilómetros a recorrer.

Cierto es que en los pueblos, donde los servicios eran más mínimos, se convenía a través del cambio o trueque: “tú me vienes a ver cuando esté enfermo, ya fuere de noche, fijamos una cantidad de trigo, cebada, patatas…”

En determinados casos, sobre todo en comunidades pequeñas, el ajuste entre una y otra parte lo hacía el Concejo en nombre de los vecinos. La cuota pactada se repartía entre todos y salía más barato. Si bien, cuando se trataba de “igualarse” con el boticario, maestro o veterinario, se hacía de forma directa. El periodo por el que se establecían tenía la validez de un año.
Pasemos a lo práctico. “Recorriendo” la provincia de Segovia se puede encontrar similitud a la hora de “contratar”, así como modo y forma de contraprestación:

Médico: Fanega y media de trigo (2) por vecino.

Boticario: tres cuartillas de trigo (3) por vecino

Veterinario: Una cuartilla cada vecino que tuviere ganado vacuno, caballar o asnal.

Maestro de la escuela: una cuartilla de trigo por cada alumno de cinco a doce años de edad. Si tenían más edad, por más que no era normal que superados los doce años acudieran a la escuela, el acuerdo se “negociaba” aparte.

Herrero: Por lo general se le daban cincuenta fanegas de “pan mediao”. Oseasé, mitad trigo, mitad centeno. El reparto se hacía entre todos los vecinos e individualmente según el número de obradas (4) de tierra. La obligación de la otra parte consistía en arreglar todos los instrumentos de labor.

Guarda de campo, también guarda de los panes: controlaba el término sembrado; también estaba facultado para imponer multas (penas) por cada caballería que entraba en los sembrados y era “sorprendida”. Se quedaba con lo recaudad.

Y así, cuando llegaba San Miguel (29 de septiembre), los que habían realizado el enumerado trabajo, acudían casa por casa cobrando la parte que correspondía a cada “igualado”.

Si pensaba el lector que ya se había acabado el tema, se equivoca. Lea el capítulo de curiosidades:

En barbería/peluquería también se utilizaba el trueque. Dado que era harto difícil que en cada pequeña comunidad hubiera el referido servicio, concertaban con el barbero para que dos días a la semana, que solían coincidir con jueves y domingo, acudiera a afeitar y cortar. Era normal que el que prestaba el servicio recibiera una cuartilla de trigo/año.
Más conocido, digo yo, era el servicio que prestaba el molinero. Este, por cada fanega de grano molida recibía medio celemín. Cantidad que descontaban de lo molido. Acción conocida como “maquilar” (7).

Saco de mi cajón de sastre una nueva figura: la permuta (8). Esta la empleaban con sus clientes panadero, carnicero, tendero, tabernero… Fiaban (9) a sus compradores y cobraban su importe en trigo. Para ello disponían ambas partes de un “cuaderno” donde se anotaban géneros y precios, sirviendo de referencia para el pago, que era anual.

¿Que echan de menos otras actividades? Lo entiendo. Hay muchas más. Lo sustancial era resaltar el valor de la palabra y del apretón de manos como rúbrica.

Una duda ¿sabrían decirme si el axioma (10) funciona así de bien en política?
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(1) Iguala: composición, ajuste o pacto en los tratos.
(2) Fanega, 43,247 kg.
(3) Cuartilla; cuarta parte de una fanega
(4) Obrada; 4.000 metros cuadrados.
(5) Tañer: tocar instrumento musical de percusión o de cuerda, en especial una campana.
(6) Porción de grano que llena la medida del Celemín. Igual a 4,625 kg.
(7) Molinero: medir y cobrar la maquila.
(8) Permuta: contrato por el que se entrega una cosa a cambio de recibir otra.
(9) Fiar: vender sin tomar el precio de contado, para recibirlo en adelante.
(10) Axioma: proposición tan clara y evidente que se admite sin demostración.
Para más saber: “Derecho C. y Economía popular de la Provincia de Segovia”. Gabriel M. Vergara. 1909.