José María Martín Sánchez – Aquel virus traidor del siglo XIX

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La epidemia de cólera morbo asiático (1) que llegó a España en 1885 (2), tiene tristes recuerdos. La epidemia, se ‘plantó’ en la península llegando desde el puerto de Marsella a través del mercante Buenaventura, que arribó al puerto de Valencia en 1884. La falta de medios preventivos (vacuna) llevó a que se extendiera por toda España. Desolación y muerte caminaban de la mano.

El Gobierno de España, que presidía Romero Robledo, no dio cuenta oficialmente de la epidemia hasta el 16/6/1885. La Orden, publicada en la Gaceta de Madrid, anunciaba:”es un hecho cierto y oficial la aparición en España del Cólera Morbo Asiático”. El primer ministro había dimitido tres días antes de esa publicación.

Como medida de desinfección se aplicó el cloruro de cal, intentando así la no propagación. El Gobierno de Alfonso XII, ordenó cuarentenas y cordones sanitarios en las poblaciones más infectadas, cerrando ciudades y comercios, mientras envió a los lazaretos (3), donde no había ni camas, a cientos de infectados.

A mediados del mes de junio, impotente para solucionar el grave problema presenta su dimisión el Gobierno. El Rey se encuentra enfermo…

En la búsqueda de soluciones a la plaga, un médico valenciano, el doctor Jaime Ferrán, consigue una eficaz vacuna demostrada en pacientes. El gobierno no la considera válida y prohíbe su ‘consumo’. Un tiempo después, ante la presión del pueblo, se impobe la cordura y se autoriza.

A lo largo de las tres epidemias padecidas en España en el siglo XIX perdieron la vida muy cerca de 800.000 españoles. En la última, a la que hacemos referencia, Madrid, Zaragoza y Valencia fueron las poblaciones más afectadas.

La situación en Segovia

De su incidencia en Segovia ya escribimos y describimos en otro artículo publicado en mayo del pasado año. Ahora ‘salen’ más detalles de lo ocurrido en la ciudad. Sepan que en el camino de la lucha se montó un ‘hospital’ en la estación del tren. Allí se realizaban, cual ‘coronavirus’ de ahora, reconocimientos y fumigaciones. Pese a la prevención, el 27 de junio (en plenas fiestas de San Juan) se registró el primer caso. El afectado fue un hortelano vecino de San Lorenzo. Falleció pocos días después de contraer la enfermedad.

Se escribió entonces que el contagio había llegado a través de un tabernero del referido barrio que había viajado a Aranjuez a comprar vino. Las gentes, con tal de evitar contagios, lavaban las ropas en el Eresma. Esa acción fue una decisión pésima, pues la siguiente víctima fue una vecina de San Marcos, aguas abajo.

No había forma de controlar la situación. Así, para paliar en lo posible, se instaló en La Dehesa un hospital de coléricos. Se utilizaron para ello casetas de feria que se cerraron con cubiertas de cinc a modo de aislamiento, mientras, la cuarentena de los infectados se ‘pasaban’ en los Lazaretos (3).

Con observaciones y seguimiento de la enfermedad se comprobó, tarde ya, que a través de los ríos se propagaba con más fuerza y rapidez. Así, eran los barrios de San Millán (Clamores), San Lorenzo y San Marcos (Eresma) los lugares donde el número de enfermos crecía día a día. La información mediática habría sido fundamental para evitar tanto contagio. Pero no había y el boca a boca era mucho más lento. Los contagios recorrían su camino mucho más rápido.

Las siguientes restricciones fueron la prohibición de lavar ropas en el río, mientras se realizaban visitas médicas en posadas y hospederías. Uno de los segovianos que destacaron por su gran trabajo fue el naturalista Félix Gila Fidalgo. Contaba entonces con 25 años de edad.

El cólera machacaba a una buena parte de la población. Más ello no servía de ‘reparo’, como ejemplo nada edificante, para que una parte de los ciudadanos que, como si no pasara nada, acudían al teatro Manzanares, el de la Plaza Mayor, donde esos días actuaba una compañía de Zarzuela. Todas las noches tenía lleno.

Ciento veinticuatro días permaneció en la ciudad el ‘bicho colérico’. En los últimos, septiembre del 85, se dio por extinguida la epidemia (4). Unos días después, 4 de octubre, se cantaba un Te Deum en la Catedral en acción de gracias. En pleno mes de julio había salido la imagen de la Virgen de la Fuencisla de su Santuario en rogativa, con el fin de que la enfermedad remitiera. En la Catedral permaneció hasta el final del episodio.

Cuando llegó la hora del macabro recuento, en la capital habían fallecido 277 de sus habitantes; en la provincia un total de 803. Un 1,8% de su población. Fueron 50.917 los que estuvieron sometidos a la epidemia que tuvo una duración media de contagio de 19 días. Hubo infectados en todos los partidos judiciales, si bien fueron 63 de los 285 pueblos que fueron invadidos.

Los datos negros de la pandemia en España dejaron un calvario detrás del virus. Este infectó a 339.789 personas. Murieron 68.090 mujeres y 52.383 hombres (5).

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(1) Cólera Morbo asiático: enfermedad aguda y contagiosa.
(2) En el siglo XIX, Segovia ‘pasó’ por tres epidemias: en 1834, 1855 y 1885.
(3) El vocablo es italiano – ‘lazzaretto’, lugar donde se enviaba a las tripulaciones de barcos infestados para permanecer allí hasta su muerte o recuperación, durante 40 días: la ‘cuarentena’.
(4) Las fechas concretas, 28 de junio a 9 de septiembre. Si bien hasta el 28 de noviembre hubo contagiados.
(5) ‘El cólera en España en el año 1885’. José Jimeno Agus. Año 1886.