José María Martín – La pena nos alcanza

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No es posible asimilar tanta desgracia a la que viene sometiéndonos la pandemia que tenemos encima de nuestras vidas. Tan duro es llevar semejante guadaña portadora de muerte a nuestro lado; tan duro ver cómo se marchan personas que ocupaban un lugar en el caminar de nuestra vida, y cuya imagen se ha borrado del paisaje que nos era común, con el agravante de no poder darles el último adiós, el de la familia, el de los amigos, pues hasta eso nos prohíbe el mal que nos acecha, que asimilar todo ello es imposible.

En estos días de luto continuado he perdido a un amigo, Juan Antón Francisco. Persona entrañable. Jugador de fútbol en la Gimnástica Segoviana formando parte, insustituible en su época, de aquella extraordinaria línea defensiva: Antón, Domingo, Costa. Los tres ya nos dejaron, mas su estela de extraordinarias personas para los que vivimos aquella época, permanece.

Juan, en su discurrir por el camino de la vida, se encontró con Amparito, formando un equipo de extraordinaria valía, fraguado ese caminar juntos en las múltiples actividades que realizaban. No fue lo suyo dejar hacer, dejar pasar. No. Antes bien, tuvieron la mano siempre extendida hacia quienes quisieron ser y hacer camino junto a ellos.

En ese largo recorrido tuve la satisfacción de describir en este diario la figura del deportista Juan Antón y, años después, la de su hija Ana, jugadora de baloncesto. Ellos, sus padres, formaron un equipo de seis hijos a los que han seguido y apoyado. Envuelto ello en el celofán de un cariño inmenso.

Sé, al escribir estas líneas, que la vida es así. Nacemos para morir. Y el contrato se cumple siempre. Mas, y pese a asumirlo, si en el recorrido del camino encuentras personas afines, que además son amigos entrañables, la pena te llega con más fuerza. Deseo que tu figura de esposo y padre permanezca en el recuerdo de los tuyos.

Desde el recuerdo de aquellos años jóvenes, desde la amistad en el camino, que la paz te acompañe Juan.