José María Martín – Fútbol: ¿cantera o cartera?

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Hubo un tiempo, los de ‘Maricastaña’, donde el fútbol tenía la condición de amateur, que desde ahora supliremos, para mejor entender, como aficionado. Si escogemos el fútbol como ejemplo, hasta el año 1926, de ello se cumplen ahora 94 años, no se definió en España como deporte profesional. Cierto fue que con anterioridad a esa fecha existía el término ‘amateurismo marrón’ o profesionalismo encubierto.

Aquí fue donde comenzó la lucha. Había clubes que lo querían -¿le suena a los aficionados de la capital esta música de actualidad?-, mientras otros se negaban a aceptarlo. Cierto fue, que ante una situación tan ‘distante’ entre clubes, las competiciones, al menos durante dos temporadas, se disputaron de forma conjunta, si bien los clubes con el cartel de ‘aficionados’ fueron quedando marginados. Había comenzado el negocio de los grandes.

Hubo un dato curioso en esa separación de intereses. Los clubes grandes, con más medios económicos no quisieron que la situación se radicalizara (aficionados por un lado, profesionales por otro) y se implicaron para mantenerlos en sus clubes. Con ello pretendían que de ahí salieran, a más bajo coste, los que ampliaran su cuadro de profesionales.

La autorización del profesionalismo fue –y no hay que ser un lince para entenderlo-, la lucha entre lo profesional y lo aficionado. O con mayor claridad, el advenimiento de de una expresión nueva: cantera o cartera.

Cierto que con la idea de mantener el fútbol aficionado se mantuvo, hasta 1980, un campeonato de España en el que solo podían participar equipos de aficionados, donde entraban los de grandes clubes y equipos ‘pobres’. Su recorrido acabó cuando los poderosos consideraron que su futuro estaba en los equipos juveniles y se quitaron de en medio al colectivo no profesional. Cada cual a lo suyo.

La competición nacional de aficionados cayó cuando los equipos que quedaron lo formaban grupos de amigos que jugaban pachangas. Y claro…