José María López López – La mascarilla y el cuidado de La Tierra

El diccionario escolar Gunagaya-español, publicado en Panamá con la colaboración de la Embajada de España en aquel País, define a “baba” como “papá, padre, progenitor” y a “nana” como “mamá, madre, progenitora”, a “Baba-Baddummad” como “gran padre, ser supremo, hacedor del universo” y a Nana-Nandumbad como “gran madre, ser supremo, hacedora de todo lo creado junto a Baba”. Hago estas aclaraciones para una mejor comprensión del texto que sigue:

“Nana Oleyai habló así a los hermanos emplumados. Habló a las aves, a los que trazan el sendero encima de sus hermanos, a los que cantan encima de la cabeza de los hermanos…
Oleyai les dijo: ‘Baba los hizo con alas; Nana les permite volar de árbol en árbol y medir su altura, y no se llenan de lodo. Baba y Nana los hicieron limpios, con plumajes radiantes. Pero ¡no se olviden que debajo de ustedes viven otros hermanos, tan dignos como ustedes! ¡Antes de comer, miren siempre hacia abajo y no se olviden! ¡Antes de meterse un pedazo de comida en la boca, miren quiénes están debajo de ustedes! ¡Y observen con cuidado a los que deben enfangarse y embarrarse para poder comer! ¡Déjenles comer también a ellos!’

Entonces Nana Oleyai les hizo bajar los ojos a todos y todos miraron hacia abajo. Todos miraron a los puercos de monte, a los conejos pintados, a los gusanos, a las hormigas, a las tarántulas; y les dejaron caer comida. Las cotorras dejaron caer comida, troceándola con sus picos, a las hormigas, a las arrieras, a los ñeques. Las aves más grandes movieron las ramas y dejaron caer frutas maduras y suaves para los venados que no tienen dientes. Y así todas las aves. Desde arriba las aves dejaban caer la comida para los que no podían llegar a las ramas; y todos gozaron de la gran fiesta.

¡Nadie puede comer solo! ¡Todos nos tenemos que dar la mano! ¡Todos somos hijos y nietos de la Madre Tierra!’, cantaron los animales de la selva en la fiesta de los árboles.”

Esta semana del 3 al 9 de agosto se está celebrando en Panamá la “Semana de Pastoral Indígena” con el lema “Siguiendo las Huellas del Espíritu”. Los temas tratados, que trascienden a un lugar concreto: el cuidado y defensa de la tierra, en el que incidimos más en este artículo, autoridad como servicio, espiritualidad, medicina, cantos-ritos, buen hacer para bien vivir, el Espíritu presente en los pueblos… pretenden ayudar a descubrir la presencia del Espíritu de Dios que se muestra de muchas maneras.

La relación de los pueblos originarios con la tierra es algo muy importante, que deberíamos aprender: hay una fuerte convicción de que de ella procedemos, en ella vivimos, de ella dependemos, ella nos alimenta. La tierra es nuestra casa común, es el “altar del compartir humano” (Aparecida 472). La defensa de la tierra que ha costado sangre, lágrimas, discriminación y guerras a los pueblos indígenas de Panamá y de tantos lugares, ha acrecentado su valor para dichos pueblos. La casa es imagen del mundo, de la creación. La casa está sostenida por cuatro horcones, en cada esquina, y un horcón principal, en el centro (“el lugar del corazón”). La construcción de la casa es un acto sagrado, en el cual participan todos, ahí desarrollan su vida, ahí se concibe la vida, ahí crece la vida. Por tanto, hay que cuidar la tierra, defenderla, como se defiende la vida.

“La sabiduría de los pueblos ancestrales afirma que la madre tierra tiene rostro femenino” (Sínodo Obispos de la Amazonía-101). La tierra es la que nos da el sustento, la vida, es sagrada, de ella procedemos. “Cada comunidad puede tomar de la bondad de la tierra lo que necesita para su supervivencia, pero también tiene el deber de protegerla y de garantizar la continuidad de su fertilidad para las generaciones futuras. (Laudato si, 67).

¿Qué tal si, por ceñirnos a un hecho concreto de nuestra cotidianeidad, comenzamos a cuidar la tierra y a cuidarnos unos a otros haciendo un buen uso de la mascarilla y un reciclaje adecuado de la misma? La mascarilla nos recuerda constantemente la vulnerabilidad y fragilidad del ser humano, que los virus no hacen distinción de personas y la responsabilidad de todos en el cuidado de la propia vida y la de los demás.