José María López López – Héroes del silencio

Es el título del escrito con mensaje, que entrecomillo, de Julián del Olmo al que cedo con gusto mi espacio quincenal. Son incontables los héroes del silencio. Seguro que muchos de los que lean esto lo son o se han beneficiado de su servicio incondicional. Gracias a todos.

“Cuando camino entre peligro, me conservas la vida; extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo y tu mano me salva” (Salmo 138, 7)

Son incontables… los padres que no pudieron tener cerca a sus hijos precisamente cuando más los necesitaban y los hijos que no pudieron auxiliar a sus padres porque los separaba una barrera invisible; los abuelos que guardaron, como oro en paño, los besos y los abrazos para dárselos todos juntos a sus nietos cuando acabara el confinamiento.

Son incontables… los profesionales sanitarios que se jugaron la vida, y muchos la perdieron, para salvar las vidas de otros; los servidores públicos y privados que colaboraron para que el país no se paralizara del todo y estuvieran cubiertas las necesidades básicas de la gente.

Son incontables… los profesores que improvisaron clases “on line” para que sus alumnos aprovecharan el tiempo y no perdieran el curso; los alumnos que se tomaron en serio el estudio en casa sin poder estar con sus amigos en el recreo; los niños que pintaron de color esperanza el mundo, en blanco y negro, que veían desde las ventanas; los padres que pudieron convivir más con sus hijos y conocerse más y mejor todos.

Son incontables… las personas contagiadas por el “coronavirus” que pasaron la enfermedad en casa porque en el hospital hubiera sido peor; los enfermos internados en hospitales donde la incomunicación con sus familiares aumentó su sufrimiento y la sensación de desamparo.

Son incontables… las residencias de mayores, con contagios a mansalva, donde se vivieron situaciones muy dramáticas que habrá que analizar para evitar que se repitan; las personas que pasaron el confinamiento en casa, muchas solas o mal acompañadas, y estuvieron al borde de la depresión o algo todavía peor pero salieron adelante; los muertos que no pudieron estar acompañados de sus seres queridos ni sus seres queridos despedirse de ellos ni celebrar un funeral que aliviase su pena.

Son incontables… los voluntarios, de toda clase y condición, que dieron su tiempo y su entrega personal para ayudar a los más necesitados y vulnerables; las entidades y organizaciones que acogen, acompañan y dan de comer a los pobres de siempre y a los nuevos pobres; los servicios de Cáritas, de puerta a puerta y de corazón a corazón; los proyectos de Manos Unidas para ayudar a los más olvidados de la Tierra, en países de África, Asia y América.

Son incontables… los sacerdotes que rezaron por los enfermos, a pie de cama, y despidieron a los fallecidos en morgues y cementerios sin familiares que los acompañaran; las monjas y monjes de vida contemplativa que hacen guardia de oración para implorar a Dios el cese de la pandemia y pedir consuelo y fortaleza para los enfermos y sus familiares; los medios de comunicación, en sus múltiples modalidades, que ayudaron a sobrellevar el confinamiento, acompañar en la soledad y mantener en alto la fe, la esperanza, el amor y la solidaridad.

Son incontables… Las personas que piden a los políticos que tengan altura de miras, aparquen sus guerras partidistas y trabajen juntos para atajar la pandemia y hacer frente a sus graves consecuencias sociales y económicas; las personas que esperan que la pandemia sea punto de partida para cambiar comportamientos personales y globales, teniendo como objetivo el bien común y la felicidad propia y de los demás.

Son incontables…… por eso no hemos podido contarlos a todos, pero seguro que Dios, que está en todo, y María, madre de Dios y madre nuestra, que no se le escapa ningún detalle, habrán tomado buena nota de todo y de todos.

No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor” (Sal 118,18)”

Subrayo el número incontable de personas, yo diría que casi todas las de este País, que pedimos a los políticos altura de miras, que aparquen sus guerras partidistas y trabajen juntos para atajar la pandemia y hacer frente a sus graves consecuencias sociales y económicas. Si no son capaces en esta situación, ¿cuándo lo van a ser?. Por favor, que hay mucho sufrimiento en la calle.