José M. Martín Sánchez – Cosas y cantares en el noviazgo de mozos y mozas

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Eran tradiciones del ayer (1) que existían en la provincia de Segovia y que no eran muy diferentes a las de otros pueblos de España. Escritas hoy seguro que se ven añejas. Algunas/algunos, pocos ya, recordarán pasajes; habrá otro colectivo que con asombro exprese, “pero, qué me dices”… Es lo que hubo. Escenas de otro tiempo.

Pasen y lean.

Del noviazgo

Cierto que tiempo hubo (siglos XVIII y XIX) que para expresar un mozo sus simpatías amorosas hacia una moza, no hallaba medio más á propósito de manifestárselas que quitarla una liga (¡!) o un anillo. El sacarla a bailar, y por las noches ir a rondar los alrededores de la casa, daban a entender a una moza que tenía rondador, es decir, “aspirante” a novio. Cuando no había otra música lo hacían con sartenes y almirez que acompañan las coplas expresando su deseo.

A la puerta de la casa donde vivía la moza cantaban:

Mañana por la mañana,
levántate la primera,
que el anillito de plata
en el cerrojito queda.

Ocasiones había que a varios rondadores les gustaba la misma moza y la pedían, cantando, que se “mojare”:

A tu puerta hemos llegado
los cuatro que te queremos;
señala el que tú prefieres,
los otros tres nos iremos.

Otras veces solía mostrarse esquiva la muchacha, y cansado el rondador de ir varias noches a cantar a su puerta y no obtener respuesta, pedía:

Si me quieres, dímelo;
y si no, di que me vaya;
no me tengas al sereno,
que no soy cántaro de agua.

Algunos mozos, para demostrar el cariño a su preferida, ayudaban a la familia de esta en algunas tareas, y al no ser correspondidos cantaban estas coplas:

Eché leña a tu corral,
pensando que me querías;
ahora me dices que no,
dame la leña que es mía.

“Ayer” solía ocurrir que los padres arreglaran, atendiendo más a la conveniencia que al cariño, el casamiento de los hijos, sin contar con la voluntad de estos, que buscaban independencia.

Esta era copla que se sabían los mozos de memoria:

Mi padre y mi madre son
los dueños de lo que gano;
pero en tocante al querer,
yo solito soy el amo.

Primera Comunión

De ese concreto acto recogemos un cantar que cuenta cuan larga era la espera del ayuno, del niño/niña, desde la medianoche precedente:

Salga, señor Cura, salga,
salga y deje de rezar,
está la niña en ayunas
y quiere desayunar.

Notas de complemento

In illo témpore, las mujeres segovianas usaban medias de distinto color, según su estado: las solteras las llevaban blancas; las casadas, rojas, y las viudas azules ¿Cuando cambiaron a negras?

Bautizo

El padrino paga la pila, o gastos del bautizo: 2,50 pesetas al señor cura y 0,50 céntimos al sacristán. Años antes la costumbre era dar al párroco por el bautizo y misa una gallina y al sacristán convidarle a cenar en casa de los padres del recién bautizado.

De los solteros

El grupo de mozos lo componían en cada lugar todos los solteros de entre 14 y 16 años de edad en adelante hasta que se casaban, que solía ocurrir entre los veintitrés ó veinticinco años. Cuando un muchacho quería hacerse mozo, es decir, que los otros le tuvieran por tal y le permitieran alternar con ellos en juegos y demás actos organizados por ellos, los reunía una noche en la taberna del pueblo, exponía su pretensión y les convidaba a media arroba de vino.

La bebida la compartían mozos “mayores” y el nuevo, al que desde aquel momento se considera ya de la “agrupación” para todos los afectos.

El vino al precio de tres pesetas la arroba.

Las mujeres no se consideraban mozas hasta que las sacan a bailar los solteros en el baile público. Ellas, en cambio, tenían que darles la rosquilla el día de Pascua de Resurrección. Después de la misa iban los mozos por las casas de las mozas a pedirla. Si no se la dan, no vuelven a sacarlas a bailar.

Me lo contó una tarde de verano el señor Fabiano a la puerta de su casa.


(1)”Derecho Consuetudinario (2) y Economía Popular”. Gabriel Mª Vergara. Madrid 1909.
(2) Es la expresión de la norma jurídica a través de la conducta de las personas integradas en la comunidad.