Jesús Vázquez Ortega – La milla de oro

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Caravanas interminables, peligro y ruido, esta es la realidad de la N-VI a su paso por San Rafael, no sólo los fines de semana y fiestas de guardar, también a diario. La DGT, ha convertido nuestro casco urbano y sus alrededores en la nueva caja registradora de las arcas públicas, haciendo oídos sordos a quienes exigimos una solución al tráfico, pero real, no de cara a la galería. Radares móviles y fijos donde no son eficientes para la seguridad, pasos de cebra que muchos obvian de manera impune por no estar vigilados, o improvisaciones con recursos que nadie entiende.

Mientras tanto, el tintineo de los euros aumenta los fondos de la administración que gestiona el señor Pere Navarro en connivencia con la Consejería de Fomento de la Junta de Castilla y León cuyo desinterés es similar ¿alguno alcanza a comprender este dislate?

Si alguien cree firmemente que a los responsables de poner fin al problema les importa poco o nada lo que ocurre en nuestro pueblo, ese soy yo. Y tengo la convicción de que no soy el único. Las inversiones en elementos de control para lo que se supone revierte en nuestra tranquilidad, aumenta cada año pero con el fin de aumentar los ingresos, dejando a un lado la protección del ciudadano al que se castiga más que ampara. No niego que esta labor tenga sus resultados positivos, pero sigo opinando que el camino no es el más adecuado, y mucho me temo que por ahí vamos a continuar deambulando, sin ver el final del túnel.