Jesús Fuentetaja – Juegos malabares y políticos de otros tiempos

Volvemos a la casilla de salida con el tema del policlínico, incluso peor, porque nadie ya con una mínima capacidad de decisión parece estar interesado en jugar esta partida. Las Administraciones competentes se han levantado de la mesa dando una patada al tablero para impedir que nadie mueva ficha por el edificio de la calle de San Agustín. De poco o nada ha servido que este tema haya constituido uno de los escasos acuerdos adoptados unánimemente por todos los grupos políticos que integran el Ayuntamiento de Segovia, y mira que eso no debe ser fácil, con tantos como son y siendo cada uno de su padre y de su madre. Al parecer, en su reciente peregrinación hasta la capital del Pisuerga, a la señora alcaldesa, la mostraron los consabidos tres cubiletes que suelen utilizar los trileros en las ferias, pasando la bolita de la ampliación provisional del hospital general de uno a otro cubil, dejando apenas entrever en el del largo plazo, la bola del premio gordo del nuevo hospital; pero sin llegar a mostrar la bolita negra del uso inmediato del antiguo policlínico, que debió ocultar el malabarista en la bocamanga, en una hábil maniobra de prestidigitador.

Tendrá que ser así, y una vez más nos tendremos que conformar con lo que nos den, que visto lo que se nos ha dado hasta ahora, lo poco nos va a parecer siempre demasiado. Pero a fuerza de ponernos pesados con este tema, que reconozco que informativamente pueda ya resultar manido, tienen razón los miembros de la Asociación de Vecinos del Recinto Amurallado en seguir insistiendo en esta reivindicación, no sólo porque pueda ser necesaria para protegernos de los nuevos vientos, con los que nos sigue amenazado la pandemia; sino también porque el uso del viejo hospital para fines sanitarios o incluso sociales, sería un buen acicate para intentar invertir la tendencia a la desertización del casco antiguo, que se está quedando como un bonito escenario de cartón piedra, pero sin vida detrás de cada pared, por muy monumental que esta sea. No muy lejos, también languidece en el abandono el edificio de la Seguridad Social y pronto les harán compañía el de los juzgados y el colegio de las Madres Concepcionistas. Todos ellos en un radio de 150 metros.

Estaba yo en estas reflexiones, cuando en la búsqueda de datos para un trabajo de investigación que estoy acometiendo, me topé en la hemeroteca de este periódico, con una noticia fechada el día 10 de diciembre de 1979, que me vino a evocar desde el pasado los actuales problemas sanitarios de la provincia de Segovia. Resulta que en aquellas fechas, se estaba proyectando construir un macro hospital en Medina del Campo, que diera servicio a una amplia zona de la provincia vallisoletana. Para justificar la necesidad de dimensionar esta instalación, el Ayuntamiento medinense había solicitado a la Dirección Provincial de Salud de Valladolid, que se estudiara la posibilidad de adscribir a efectos hospitalarios a los habitantes de unos 26 ayuntamientos de la de Segovia.

Cuando dicha Dirección Provincial estaba iniciando los trámites para analizar las posibilidades de la referida adscripción, que partiría en dos la asistencia sanitaria de nuestra provincia y que afectaría a unos veinticinco mil segovianos, los dos diputados al Congreso de UCD por Segovia, Modesto Fraile y Carlos Gila, interpelaron en sede parlamentaria al Ministro de Sanidad de su mismo partido, impidiendo con su actuación que aquel dislate pudiera seguir adelante y que quedara, de esta forma, atajado de raíz. En aquellos momentos, aparte que las competencias de sanidad dependieran afortunadamente aún del Gobierno de la Nación, recién estrenados los usos democráticos, los representantes surgidos de las urnas se sentían con un mayor grado de compromiso en la defensa de los intereses generales de los ciudadanos, por encima incluso de los de la formación por la que se hubieran presentado a las elecciones. No ha sido ello la norma general desde entonces, máxime en los actuales tiempos con una confrontación ideológica tan acentuada. Los políticos enseguida aprendieron que con listas cerradas, quien se mueva va a salir siempre corrido en la foto. Y tienen buena memoria.