Javier de Andrés – Ocho puntos

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La temporada del Viveros Herol balonmano Nava roza la excelencia en la liga Sacyr Asobal. Los naveros acumulan una renta de puntos más allá de las cuentas iniciales, y el equipo deambula por una zona tranquila de la tabla, sin agobios y con la mente puesta en sumar las victorias necesarias para no sufrir. Ni la anunciada salida en mayo del entrenador, Dani Gordo, ni la lesión de Darío Ajo deberían perturbar en demasía a las huestes de La Nava, que han mostrado antes la templanza suficiente como para restañar fisuras del pétreo armazón de un vestuario ejemplar gobernado por su capitán, Carlos Villagrán.

La permanencia ha de cerrarse en casa, en el Guerrer@s Naver@s, donde el equipo está arropado por la mejor afición de Segovia, y donde ha dado muestras de ser capaz de ganar a cualquiera menos al Barça, que esa gente es de otro planeta. Allí, en Nava, el equipo aplica el coraje suficiente como para añadir el plus que decanta los partidos del bando local pese a que el rival pueda ser más experimentado o, simplemente, mejor. Con catorce jornadas por disputar, la previsiones más realistas cifran en ocho puntos los necesarios para salvar la categoría – bajan dos – y aunque es posible que la temporada se haga larga, seguro que lo consiguen.

Y en estas circunstancias me acuerdo de David de Diego e Ismael Villagrán, entre otros muchos, que no pueden disfrutar el gran momento del equipo de su pueblo al retirarse antes de tiempo. Ellos son tan responsables de la bonanza de la institución en lo deportivo como los que pelean por llevar la redonda a la jaula contraria en cada minuto de cada partido. Los actuales representan a todos los jugadores que lucieron esa camiseta, y que la portaron en las más adversas circunstancias hasta llevarla donde está, a la élite mundial. El siguiente paso en la historia del balonmano Nava pasa ahora por mantener la categoría, un nuevo hito porque todo el mundo sabe que lo difícil no está en llegar, sino en quedarse