Javier de Andrés – Ejercicio lingüístico

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La capacidad del ser humano para adaptar el lenguaje y aplicarlo a su propia conveniencia es fascinante. La cotidianeidad está llena de ejemplos de terminología específica que acaba utilizándose para todo tipo de situaciones normalmente por economía lingüística. Tomemos como ejemplo la diversidad de aplicaciones que tiene las expresiones asociadas a los espectáculos de toros: ‘Atarse los machos’, ‘dar la vuelta al ruedo’, o quedar ‘Como Cagancho en Las Ventas’ no son más que unas muestras. Seguramente estas frases se usen ahora más veces en contextos alejados al taurino que a los relativos a la propia tauromaquia. Vivir para ver.

El deporte tiene sus propios ejemplos. Es fácil que nos ‘metan un gol’ aunque no estemos jugado al fútbol, o nos veamos involucrados en un ‘penalti’ con todas sus tremendas connotaciones. Es muy posible también que en algún momento nos dejen K.O sin haber pasado por un cuadrilátero de boxeo. ‘Pasar por el aro’ o ‘quedar en fuera de juego’ son otros ejemplos aplicados a situaciones poco favorecedoras que, casualmente, son las mayoritarias cuando tomamos prestada terminología.

Resulta más curioso el análisis cuando se mezclan varias disciplinas, como el futbolista que ‘hace un piscinazo’ al tirarse al suelo sin motivo aparente o cómo el ‘hasta el rabo todo es toro’ refleja que una situación no es definitiva hasta que llega el final.
Mención merecen también los ejemplos asociados a la religión siendo la frase ‘hasta que pase el último cura’, utilizada cuando indicamos que no todo está decidido, una de las más escuchadas. No todos son capaces de usar bien estas expresiones, y en esos casos el ridículo del emisor y el rubor del receptor son patentes.

Estas expresiones son representativas de esa vaguería mezclada con retranca patria que nos lleva a darle una vuelta a nuestra querida lengua española. Ahora que debemos estar confinados en casa y para intentar cambiar esa tendencia, resulta tan productivo hacer deporte como leer un libro. Prueben.