Isabel Codina – El Espinar está de luto

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No se recuerda una situación similar en el último siglo. Cuando el Ébola azotaba África en 2014 veíamos desde la relativa seguridad de nuestro país lo que sucedía; la llegada de los misioneros y el contagio de la auxiliar de enfermería nos conmocionaron. Ahora parece que vivimos en una película apocalíptica; cuántas veces habremos visto “Estallido” o “Contagio” (por no hablar de las últimas asiáticas), pero parecía tan lejano, ciencia ficción. Estos días casi ni puedo ver una película de suspense.

Lo peor de lo peor es por supuesto la muerte de tantas personas que fallecen aisladas, sus familiares que no pueden despedirse, la angustia del personal sanitario que no llega y que no tiene los medios suficientes, el pavor generalizado por la transmisión tan rápida del bicho, el que cuando apenas levantábamos cabeza de una terrible crisis económica vemos reducidos nuestros ingresos a cero y nuestros gastos fijos se mantienen, la cantidad de nuevos expertos que saben perfectamente lo que hay que hacer desde el punto de vista económico y sanitario (ojo, que con esto no justifico cómo se están haciendo las cosas)…

Es muy importante que cuando salgamos de esta, que saldremos, nos demos cuenta de todas las cosas buenas que hemos visto: el paso adelante del personal sanitario y de servicios en general, la generosidad de algunas personas públicas y anónimas, la implicación de grupos locales elaborando los EPI, las iniciativas tipo “Ayuda a tus vecinos”, la accesibilidad gratuita a ciertos contenidos culturales de pago, la parte buena de las redes sociales (que también tiene una horrorosa), y sobre todo el cariño de tanta y tanta gente que se acuerda de otros aunque estén en aislamiento. Por mi parte intentaré aprender alguna lección.