Heliodoro Albarrán Lázaro – “Lectura fácil” y ron

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Hace unos días terminé de leer la novela “Lectura fácil” de Cristina Morales, novela ganadora en el 2018 del Premio Herralde de novela y Premio Nacional de Narrativa 2019. Casi nada. Con la sorpresa y la admiración todavía latentes, me planteo escribir sobre ella, pero no consigo contar lo que pasa en esta novela, que es, al menos, especial. Toribio es un amigo desde hace más de treinta años. Fue catedrático de instituto donde enseñó lengua española y sus últimos años activos estuvo en política ocupando diversos cargos intermedios. Lleva algunos años jubilado y ahora se dedica a leer, su gran pasión que no pudo hacer en plenitud hasta su jubilación, pero ahora está recuperando el tiempo. Es uno de los lectores fijos de estas colaboraciones en El Adelantado. Cada vez que sale publicado algo, ese mismo día o al siguiente, me llama o me manda un whatsapp con comentarios, todos constructivos, frases que no le gustan, palabras repetidas, algún acento que falta o sobra, me explica el leísmo, etc. Siempre se lo agradezco. En esta ocasión le llamé y quedé con él: “no se cómo hablar de una novela que acabo de leer”, pues comenta otro libro, ¿no? me dijo.

Y nos vimos en mi casa, mesa redonda amplia, el libro, mi cuaderno para notas y unos folios subrayados y anotados con una entrevista que le hicieron a la autora. Dos cafés solos, sin azúcar y dos vasos bajos y anchos, en los que vertí un dedo de ron Zacapa dejándolo caer despacio por encima de un hielo sujetado con unas pinzas. Para quitarle un poco el calor ambiental, le expliqué.

– Ya veo el libro, la portada en sí ya es impactante, comenta Toribio, “ni amo, ni dios, ni marido, ni partido, ni de fútbol”, es toda una demostración de intenciones ¿no?

– Así es, le digo, es un texto radical, políticamente radical, demoledor, que te toca en tus convicciones, cosa rara en una novela. Ya te decía que era algo especial.

– Pero de qué va, ¿tiene argumento?

– Claro, es la vida de cuatro mujeres de distintas edades, que las cuatro son “personas con necesidades especiales”, como dice una de ellas en la novela, las discapacitadas y retrasadas de toda la vida. Son parientes y viven en Barcelona en una casa tutelada por la Generalitat. Con distintos grados de discapacidad, una es como muy cumplidora con las normas, otra es lo que se llamaría una ninfómana, que además es analfabeta. Hay otra, Ángeles, que está escribiendo su biografía en whatsapp con el método “lectura fácil” que da nombre a la novela. Y otra que tiene el síndrome de las compuertas o algo así, que es como si de repente le ponen delante unas gafas y ve todo anti, antifeminista, anticapitalista, antifascista, “anticolau”.

– ¡Vaya mezcla! Hacer con eso algo importante tiene que ser difícil, comentó mi amigo, algo asombrado.

– Eso es lo asombroso de la novela, que no tiene un narrador externo, que son ellas las que se van alternando en la narración de los hechos de sus vidas, de la declaración ante el juez que está tratando la esterilización de una de ellas, de las asambleas anarquistas y okupas a las que asiste la otra, o la autobiografía que está escribiendo Ángeles y que es fascinante, como una novela dentro de la otra. Y muy lograda la diversidad de los lenguajes y los estilos de cada una de ellas, son auténticos registros distintos. Fantástico.

– Pues ya está, cuenta eso. No sé que quieres que te diga.

– Porque no estoy convencido de poder transmitir todo lo que la novela conlleva. Hacia el final hay una descripción de unos encuentros eróticos que, aunque esté contados por una persona retrasada, es de lo mejor que he leído en estos temas. Pero es que, además, en las reuniones de anarquistas y okupas, hay una ironía y un sentido del humor increíble, les parodia de una manera sutil. Me recuerda en algunas cosas a Eduardo Mendoza. Fíjate si el libro es distinto que mira estas páginas centrales.

– ¡Si es un fanzine!

– Eso dice, ¿lo conoces?

– Es como hacer carteles, folletos, panfletos, de manera casera, artesanal, se hacía por ejemplo en la guerra civil, perdona, en la que tú llamas “nuestra guerra de los mil días”.

– Exacto, le contesté. En las reuniones esas de antis, tienen nombres de ciudades: Murcia, Oviedo, Badajoz, en un guiño a la “Casa de papel”.

– O sea, que te ha gustado mucho.

– Sí. Me parece una novela excelente. Pero además valoro, el estilo, el estar contada por personas discapacitadas. Esa fue una duda al terminar, si este era el comportamiento, el lenguaje, las formas, de estas personas. Pero he leído una entrevista a la autora y ella se dedica a trabajar con grupos de gente deficiente, por tanto, me creo que el contexto es parecido a la realidad.

– Pues nada, escribe todo esto.

– Pero es que hay más, el método “lectura fácil” para estas personas, que supongo, existe de verdad, y… mil cosas más. Fascinante. Opino que está escrito desde la ética. Te hace pensar en nuestros sistemas sociales, políticos. Capitalismo, normalidad. Una gozada de novela.

– Insisto, añadió mi amigo Toribio, tienes las cosas muy claras. Cada vez escribes un poco mejor, serás capaz de contar todo esto que me has dicho. Y, por cierto, muy bueno el ron, quiero otro poco y prometo comprarlo.

– Llévate el libro, lo lees, no tardas más de dos días a tu ritmo de ahora. Mientras, yo escribo lo que hemos hablado y te lo mando. Y hablamos.
– Vale.

Mi amigo se levantó, nos despedimos. Yo seguía sin saber cómo afrontar un resumen, un comentario de esta novela fantástica. Una semana después, su viuda me devolvió el libro y me dio una botella de Zacapa a la que le faltaba solo un par de copas. “Fueron sus últimos placeres, prefiero que los tengas tu”.

Novela distinta, genial, importante, léanla, en un libro de verdad, no en uno digital, disfrutarán. Nada en la vida es lo que parece, nada en la ficción es real.

Al menos a mí me lo parece.