Heliodoro Albarrán – El último encuentro

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Sándor Marai era un escritor húngaro que vivió a lo largo de casi todo el siglo pasado y a mí me parece uno de los grandes. Tiene una extensa obra, fundamentalmente novelas y autobiografías, que he leído en su mayoría y lo que más me gusta son sus dos libros autobiográficos: “Tierra, tierra” y “Confesiones de un burgués”. Pero de sus novelas, “El último encuentro” me parece de las mejores o la mejor. Soy de los que pienso que la intriga en una novela (y también en el cine) es muy importante, lo que te hace seguir leyendo con ansiedad y con gusto. Y la intriga la tienen que ir creando los personajes, con sus relaciones, con sus pensamientos, con sus comportamientos. Y no al revés, que la intriga la “meta” el escritor (o el director de cine) “desde fuera”, como sucede en la inmensa mayoría de las novelas o películas. Y esto es muy difícil porque implica hacer muy bien lo demás: desarrollo, personajes, situaciones… ellos tienen que ir creando un ambiente tenso y no que el escritor, por ejemplo, te diga que el ambiente era tenso, lo tienes que sentir tu, leyendo, los personajes, sus pensamientos, sus palabras, el ambiente te llevan a “notar” ese ambiente.

Estamos ante una buena novela. Distinta de la mayoría, bien construida, bien terminada. El argumento es sencillo, dos amigos se citan en Hungría, en un castillo de caza que antiguamente había sido muy lujoso y donde todavía reside uno de ellos. El otro ha pasado parte de su vida en el Extremo Oriente. Dos amigos de la infancia, de la juventud, íntimos amigos. Se juntan después de cuarenta años sin verse. Entre los dos hay un secreto y ha llegado el momento de debatirlo. ¡Cuarenta años después, sin haberse vuelto a ver!

La primera parte de la novela discurre con pequeños retazos de los personajes, del ambiente de la época, del “secreto”. Me parece menos interesante pero necesaria porque va “caldeando” el texto. La expectación va creciendo. Se relata cómo se va preparando la gran casa para el encuentro. Y por fin llega el amigo visitante y todo empieza. Solo habla uno de los personajes, “el general”, parece un largo monólogo, solo interrumpido por pequeñas observaciones del otro y por detalles domésticos de la cena y la sobremesa. Desde el principio se palpa la tensión, en los actos más normales, estrecharse la mano, sentarse, cenar, hablar, la tensión casi “se ve” en las páginas.

La amistad, la verdad, la traición, los celos, el adulterio, la fidelidad, el honor, la soledad, el amor. Y de todos estos temas tiene páginas estupendas, con el misterio de fondo, con la intriga aumentando. La novela tiene frases maravillosas, de hondo calado: “… pero en el fondo de tu alma habitaba una emoción convulsa, un deseo constante, el deseo de ser diferente de lo que eras. Es la mayor tragedia con que el destino puede castigar a una persona. El deseo de ser diferentes de quienes somos: no puede latir otro deseo más doloroso en el corazón humano”.

Tiene descripciones magníficas. Cuando relata la extrema pobreza de su amigo o lo que una madre es capaz de hacer por un hijo. Tiene unas líneas para contar ese espacio de tiempo que va desde que la noche se acaba hasta que amanece del todo, esos minutos de transición del tiempo, ese tiempo de transición de lo oscuro a lo visible. Cómo relata, magistralmente, un incidente durante una cacería. Todo impregnado de una tensión que se va haciendo para el lector, insufrible y que te absorbe y sigues leyendo el monólogo del “general”. De todos los temas que decía, hace casi un tratado, con frases, definiciones, reflexiones, maravillosas algunas, que hace de su lectura algo hondo, gratificante. Al final deja un sabor como de inquietud, de inseguridad.

Me parece una novela magnífica, entretenida, con grandes reflexiones del protagonista que hacen que la tensión suba, que las ganas de conocer el secreto aumenten. Y no es un tratado filosófico, es una novela de lectura fluida. Con grandes preguntas que la novela te hace: “Cuando exigimos a alguien fidelidad, ¿es acaso nuestro propósito que la otra persona sea feliz? Y si la otra persona no es feliz en la sutil esclavitud de la fidelidad ¿amamos a la persona a quien se la exigimos? Y si no amamos a esa persona ni la hacemos feliz, ¿tenemos derecho a exigirle fidelidad y sacrificio?”.

Novela singular, con disertaciones importantes, donde las reflexiones presuntamente filosóficas contienen una fuerza narrativa notable. Sándor Márai nos narra unos hechos de una forma distinta, expresa ideas, emociones, todo en una sencilla, pero a la vez compleja historia. Creo que te hace pensar, algo se agita cuando lees “El último encuentro”. Léanla, en un libro de verdad, no en uno digital y reflexionen y disfruten de una gran novela.

Al menos a mí me lo parece.