Guillermo San Juan (*) – El PIN (de) Abascal

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En España a los bebés cuando nacen se les inscribe en el Registro Civil no en el Registro de Propiedad. Los hijos no son propiedad de sus padres, tampoco del Estado. Los niños y niñas de hoy son la ciudadanía del mañana. Por eso necesitan una educación integral que les forme como personas íntegras, libres y responsables que conformaran la España del siglo XXI. La educación pública es una de las instituciones sociales encargadas de ello.
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No se trata de decir a nadie lo que tiene que hacer en su casa, ni cómo tiene que educar a sus hijos e hijas, faltaría más. Por supuesto que los padres pueden y deben educar a sus hijos de acuerdo a sus creencias, pero no pueden limitar a sus creencias la educación de sus hijos. Ningún padre tiene derecho a hacer de su hijo una fotocopia de sí mismo, ningún padre tiene derecho a recibir de su hijo un reflejo de sí mismo. Un padre homófono no puede condenar a su hijo a crecer entre discursos del odio y a no conocer otras formas de vida y de relación. La libertad de elección de nuestros niños y niñas depende del hecho de que conozcan que existen otras creencias y otras tradiciones más allá de la de sus padres, y luego elegirán. Ese y no otro, es el principio básico de la libertad para elegir, conocer las opciones.

El Pin Abascal pretende censurar precisamente eso, el derecho de los niños y niñas a conocer y comprender el mundo en el que viven para poder elegir libremente en el futuro. Pretende encapsular a los hijos en el sistema de creencias de sus padres mutilando los contenidos educativos. La educación como medio para el desarrollo integral de las personas es un derecho reconocido en todas las convenciones y declaraciones internacionales de los derechos de la infancia y por supuesto amparado por la Constitución Española. Un derecho de los niños y niñas para ayudarles a entender y manejarse en un mundo cada vez más cambiante y no exento de cierta complejidad social y cultural. Una complejidad que al final queda sintetizada a una sola palabra, respeto. El respeto es la brújula que les permitirá navegar entre una red de complejas relaciones sociales y valores que serán legitimas en la medida que sean compatibles con los derechos de los demás.

Por eso la estrategia integrista del PIN Abascal es progresiva, hoy ponen en duda y amenazan los contenidos relacionados con la diversidad afectivo sexual y la igualdad de género y mañana quién sabe, puede ser cualquier otro contenido educativo que choque contra su ideología extremista. ¿Qué pensaríamos si a una niña se la excluye de una clase de ciencias en la que se imparte la teoría de la evolución de Darwin amparándose en las creencias religiosas de sus progenitores? ¿Que nos parecería que a un niño se le excluyese de unas clases de educación afectivo sexual que le podrían ayudar a identificar y protegerse frente a posibles abusos?

Este “invento” es un ataque contra la escuela pública, la igualdad de oportunidades y la libertad de los maestros y maestras que pretende retrotraernos a la España del siglo XIX. Quizás ahí está el problema, porque la España que existe, la de verdad, la del siglo XXI parece que no les gusta mucho a los chicos de Abascal. No les gusta España tal y como es, no aceptan el país diverso en el que viven y donde cabemos todas las personas. Los chicos integristas de Abascal no soportan la España que trabaja y la que avanza. Sí esto es así, que parece que sí, entonces tenemos un problema y poco más les puedo decir, siempre les quedará Arabia Saudí.

(*) Concejal de Podemos.