ÁNGEL CARLOS BONICUELLAR
ÁNGEL CARLOS BONICUELLAR

El deporte cuellarano, al menos en su modalidad individual, goza de muy buena salud. Los resultados que han obtenido nuestros representantes, durante los últimos años, han sido espectaculares. En los deportes colectivos las noticas quizá no sean tan buenas; entre otras cosas, porque los clubes, evidentemente, se encuentran en un periodo de recomposición tras la decisión, más que acertada, de no competir durante año y medio,  debido a la pandemia, y a sus consecuencias administrativas. No será fácil recuperar el tiempo perdido. Pero entre la complacencia del éxito y la vuelta a la, esperemos que temprana, normalidad, debería haberse producido una reflexión profunda  sobre la situación actual de nuestro deporte. Si queremos no caer en cierto ostracismo en esta materia, todos los agentes implicados deberían tener altura de miras. Entre los muchos aspectos a los que conviene atender nos encontramos que es difícil sostener que, en  una población como la nuestra, los clubes no cumplan una función social, o que varios de ellos se dediquen a lo mismo, condicionando un progreso presente o futuro; pero también que los organismos públicos, desde hace mucho tiempo consideren, en la práctica,  el deporte como algo secundario y no como una vía de desarrollo social, cultural y económico.