Fernando Redondo Izquierdo – El nacionalismo: definitivamente una plaga peor que el Coronavirus

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Ahora que nos estamos enfrentando a una de las peores Pandemias que recuerda el ser humano y que tan gravemente está afectando a España, es necesario e imprescindible realizar puntualizaciones para personas que, de forma muy egoísta, menosprecian y rechazan nuestra presencia en sus zonas habituales de residencia.

La primera gran pregunta, es ¿de quién es la tierra? Eso debería habérselo preguntado el hombre blanco en EEUU al aborigen norteamericano y no lo hizo y el progreso se llevó por medio una forma de vida apasionante pero que chocaba con el interés del género humano por la expansión económica irrefrenable y así ha ocurrido generación tras generación y época tras época, hasta concluir en el mundo globalizado en el que nos encontramos, que no se si es el mejor, pero es el del momento en el que nos está tocando vivir.

No dejan de ser sorprendentes y muy tristes, las actitudes de personas que están deseando que nos desplacemos a zonas de descanso simplemente por el mero interés económico de poder compartir nuestra riqueza en ellas y así contribuir al engrandecimiento de las mismas siendo además personas que en muchas ocasiones tenemos nuestros orígenes familiares, precisamente en esas zonas: es una aptitud egoísta, mezquina y triste que además debería acarrear consecuencias, cuando menos morales.

¿Qué tipo de Sociedad estamos creando? ¿aquella que apedrea a un autobús de ancianos contaminados por el Coronavirus tratándolos como apestados? ¿qué ocurriría si los médicos hicieran lo propio o te atendieran en función de tu origen?

El maltrato al “madrileño” dispensado en El Espinar personal y difundido por redes sociales, es lamentable y cuando esto concluya, algunos van a tener que dar muchas explicaciones y reparar todo el mal que han hecho, que es mucho y profundo y precisamente con una Ciudad, que acoge más segovianos o abulenses que todas sus provincias, con generosidad y alegría, sin preguntar su origen o procedencia y donde tantos han encontrado sus formas de vida desde hace generaciones, como por ejemplo es mi caso donde nuestros abuelos segovianos tuvieron que emigrar en los años 20 del siglo XX a Madrid para buscar su supervivencia dada la pobreza de España de la época que parece hemos olvidado en esta generación del internet/ Facebook e Instagram y de la opulencia falsa.

La cruel realidad que tenemos ya impuesta en España y de la que nos va costar recuperarnos mucho más que sangre, sudor, lágrimas y esfuerzo, como dijo el gran Winston al que tanto añoro liderando un mundo exento de líderes y en especial en nuestro país, no necesita de este tipo de aptitudes egoístas, mezquinas y cobardes, sino de personas formadas y generosas a la altura de las circunstancias, comprometidas con sus conciudadanos de todo el mundo y si ese espíritu gabarrero del que tanto presumimos algo ha impregnado, que se denote: es el momento, sin olvidar las lecciones de 35 años de Valentín y sus entrañas de misericordia: ¿ lo habéis olvidado tan pronto?

En estos momentos difíciles, como empezaba su discurso el gran Rey Jorge VI es donde verdaderamente veremos la dimensión de los grandes hombres y esos y solo esos, serán capaces de enfrentar la situación y volver a poner en las vías este tren de alta velocidad descarrilado.

El nacionalismo, sea del tipo que sea, es una mala opción de vida: no podemos ser globales en la economía, el trabajo, la cultura o la diversión y locales para el miedo y la solidaridad o lo que es lo mismo, señores: a las duras y a las maduras, como toda la vida, que eso también nos lo enseñaron nuestros abuelos.

Que desilusión y que zanja innecesaria y gratuita se ha creado, así que planteo un reto y es que en la Planificación de la vuelta a la normalidad, como se está haciendo en China, se preparen acciones de desagravio, perdón y acogimiento hacia aquellos que tanto queremos toda la tierra, pero alguna, con especial veneración y nos hemos sentido expulsados y repudiados a pesar de estar respetando escrupulosamente los confinamientos señalados legalmente por estas autoridades que intentan liderar el país.

Yo estaré encantado, de volver a ser acogido.